viernes, 24 de febrero de 2012

LA IMAGEN CORPORAL Y LA AUTOESTIMA EN LAS JÓVENES



 Mira la esencia, no las apariencias,
Que todo entra por los ojos,
Dicen lo superficiales,
Lo que hay adentro es lo que vale”
Aterciopelados

Por Diana Quintero


Durante mucho tiempo, tanto hombres como mujeres hemos desarrollado un interés particular con respecto a la forma en que somos vistos por los demás. Esta imagen corporal se va formando a lo largo de los años y es resultado de la interacción con el mundo que nos rodea, así como de las percepciones y esquemas construidos al interior de nuestra familia.
No obstante, la percepción frente a la forma como se ve nuestro cuerpo, que empieza a consolidarse en la adolescencia, puede convertirse en un dolor de cabeza cuando empieza a afectar negativamente el autoestima de los y, especialmente, de las jóvenes, pues esto podría deteriorar su calidad de vida por tratar de alcanzar un modelo establecido socialmente. Para entender la relevancia de la imagen corporal en las adolescentes, es importante analizar de manera general esta etapa del ciclo vital, entendiendo que la adolescencia involucra cambios tanto de índole físico como emocional.

Con relación al componente físico, es importante mencionar que, de acuerdo con Infante, “la convicción de las especificidades y variabilidad dentro de la propia adolescencia, ha llevado al consenso de hacer subdivisiones, a fin atender sus peculiaridades en cuanto a crecimiento y desarrollo”  (Aliño Santiago, Lopéz Esquirol, & Navarro Fernandez, 2006)
De acuerdo con esto, en la primera etapa de la adolescencia que comprende entre los 10 y 14 años, en la cual se evidencia la transformación del niño o niña en adolescente, se producen cambios biológicos relacionados con la pubertad, tales como la maduración de los órganos sexuales y el afianzamiento de las características físicas propias de cada sexo.  Dentro de estas modificaciones se encuentran la  aparición de los caracteres sexuales secundarios, el inicio de la pubarquia[1] en ambos sexos y de la telarquia[2] en las mujeres, la cual va acompañada del crecimiento de los órganos sexuales internos y en los hombres el aumento testicular, los cambios de color y arrugamientos escrotales, y el crecimiento del pene (Aliño Santiago, López Esquirol, & Navarro Fernández, 2006).

Por otra parte, la adolescencia media, que se extiende hasta los 16 años aproximadamente, involucra cambios relacionados con un crecimiento acelerado, y modificaciones propias, tales como el engrosamiento de la voz, en el caso de los hombres, y en el caso de las mujeres la menarquía [3]. Finalmente, hacia la adolescencia tardía se alcanza el mayor grado de madurez y se da por concluido el crecimiento (Aliño Santiago, López Esquirol, & Navarro Fernández, 2006).

Estos cambios físicos no están desligados de aquellos de tipo emocional, de los cuales el más representativo se presenta hacia la adolescencia media, momento en el cual la imagen corporal empieza a cobrar gran relevancia para los y las jóvenes, lo cual se encuentra ligado a la necesidad de sentirse atractivos para el sexo opuesto.

Las etapas de infancia y adolescencia son trascendentales para la formación de la autoimagen de los individuos, es así como en la adolescencia el desarrollo del componente emocional se encuentra determinado por el entorno en el cual el o la joven se desenvuelve. Los adolescentes son como esponjas que se alimentan de las influencias provenientes de su núcleo familiar, pero sobre todo, de los comportamientos y valores de sus amigos.

Estos factores, como la presión social, condiciones biológicas, familiares y personales, se encuentran relacionados con los trastornos de la imagen corporal, que debido a las condiciones particulares de la adolescencia, afectan de manera importante a este grupo poblacional. Como se ha mencionado previamente, la adolescencia corresponde al momento más decisivo del ciclo vital para la consolidación de la autoestima, de la cual depende en buena medida la aceptación de la imagen corporal; si se cuenta con una baja autoestima es mucho más fácil ceder frente a las presiones de tipo personal, familiar  y del entorno.  

En cuanto a la presión social, esta se encuentra supeditada por la influencia que ejercen los medios de comunicación a través de la instauración de modelos de belleza, los cuales generalmente están asociados con el éxito personal y profesional. Como lo refieren  Samperio Mazorra & del Barrio (2011), en la mayoría de los casos, el no lograr alcanzar los estándares establecidos genera sentimientos de frustración, que pueden conducir al deterioro progresivo de la autoimagen.

Dentro de las condiciones biológicas relacionadas, se encuentran aspectos genéticos que  determinan los cambios inherentes a la adolescencia, los cuales al determinar las características físicas propias de cada individuo, pueden hacer que sea más susceptible o no a los trastornos mencionados.

Por otro lado, como se ha venido mencionando, la familia y los amigos influyen significativamente en la manera en la que los y las adolescentes se perciben a sí mismos. En este sentido, un núcleo familiar consolidado ofrece los elementos necesarios para la construcción de una personalidad lo suficientemente sólida para contrarrestar las presiones del entorno. De lo contrario, los y las jóvenes se encontrarán más susceptibles a no sentirse del todo satisfechos con su imagen, lo cual puede repercutir de manera importante en varios aspectos de sus vidas. 

Si bien, como se ha dicho, los adolescentes atraviesan por una etapa de múltiples cambios que los hacen más vulnerables frente a los trastornos de imagen, se ha encontrado que las adolescentes y jóvenes sienten mayor descontento frente a su cuerpo especialmente en lo relacionado con su peso corporal (Samperio Mazorra & del Barrio, 2011).  No es difícil imaginar el porqué de esta situación; cotidianamente las mujeres nos enfrentamos a la exigencia no solo de nuestro género, sino también a la de los hombres, que continuamente están reforzando la idea que sugiere que belleza es sinónimo de delgadez. Esto reforzado por los medios de comunicación.

¿Qué mujer, siendo adolescente, no pasó horas y horas tratando de encontrar que ropa usar, pensando “nada me queda bien”? Si bien probablemente esta situación sea insignificante en la edad adulta, es indudable que la construcción de la autoestima y el autoconcepto en las jóvenes se ponen en riesgo con la excesiva preocupación por la imagen corporal.

De hecho, en mi opinión, se podría afirmar que existen situaciones que reafirman que las adolescentes no se perciben a sí mismas de una manera adecuada, pues tienen mayor tendencia a recurrir a diferentes “estrategias” para encajar mejor en los estándares establecidos socialmente: realizar dietas, ejercicio exagerado, recurrir a procedimientos quirúrgicos, consumir productos o medicamentos para adelgazar, entre otros.

Según recuerdo, cuando tenía alrededor de 13 años empecé a preocuparme seriamente por cómo me veía; hasta ese momento el pesar 63 kg. no había sido relevante, sin embargo, el interactuar con niñas de mi edad que tenían cuerpos más acordes con lo “establecido”, condujo a que buscara alternativas para disminuir de peso, y por lo tanto, de acuerdo con mi percepción, fuera mejor aceptada por los demás. Si bien, conté con la suerte de acudir a un servicio de salud en el cual me orientaron frente a una forma sana y segura de lograr mi objetivo, no es difícil imaginar que no todas las niñas y adolescentes lo hacen, y en cambio sí recurren a los consejos de sus amigas o a las recomendaciones que se ofrecen de forma casi inescrupulosa en medios como el internet.
Un aspecto relevante que hay que tener en cuenta corresponde a la vulnerabilidad que las adolescentes tienen frente al desarrollo de trastornos de comportamiento alimentario, especialmente aquellas que, como se ha visto, no han tenido un soporte familiar importante, o no se sienten a gusto consigo mismas. En este sentido, Montero, Morales y Carvajal, en el 2004, demostraron que la imagen corporal es un buen indicador de los trastornos alimentarios, y que los adolescentes tienden a despreciar un cuerpo con sobrepeso, debido a que socialmente existe la creencia de que un cuerpo delgado es el ideal”.  (Moreno González & Ortiz Viveros, 2009)

Desafortunadamente, algunas de las jóvenes terminan sufriendo desórdenes de alimentación, en su afán por conseguir la aceptación de sus pares y en respuesta a su frágil autoestima, que se ve aún más afectada por los comentarios negativos que puedan hacer acerca de cómo se ven. Esta es una situación que se presenta cada vez con más frecuencia, a pesar de que los trastornos alimentarios no se presentan exclusivamente en los adolescentes, por lo que se han adelantado varios estudios al respecto. Por ejemplo, se ha encontrado que existe una relación directamente proporcional entre la poca satisfacción con la figura corporal y las conductas de riesgo frente a trastornos de alimentación (Moreno González & Ortiz Viveros, 2009).  

Otra de las opciones que las adolescentes han encontrado corresponde a las intervenciones quirúrgicas. Por esta razón, entre otras se ha incrementado la demanda de cirugía estética, especialmente en las jóvenes, relacionada con cambios físicos para mejorar su autoestima. Por ejemplo, de acuerdo con varios cirujanos plásticos, si bien este tipo de procedimientos ha incrementado en el género masculino (entre el 10 – 25% de las cirugías  realizadas) (Cortés Ochoa, 2005), seguimos siendo las mujeres las que mayor uso hacemos de estos servicios, y son las adolescentes las que consultan en su gran mayoría por cirugías de nariz y por aumento o reducción de senos (Xavier J., 2010).  Lo realmente importante frente a estas alternativas, es entender que mientras no exista aceptación y autoreconocimiento de las jóvenes como seres humanos valiosos, las cirugías no van a ser más que paños de agua tibia, que incluso pueden convertirse en un problema más serio si no se cuenta con una asesoría apropiada al respecto, al repercutir de manera importante en su desarrollo emocional.

De cualquier manera, ninguna de las opciones mencionadas corresponde a una solución para esta problemática, de hecho, a lo único a lo que conducen es a generar más inseguridad en las jóvenes. Probablemente hasta que nos demos cuenta de que, como dice Andrea Echeverry, “lo que hay adentro es lo que vale”  (Echeverry & Buitrago, 1998), entenderemos el verdadero valor de la belleza y de querernos a nosotros mismos.






ELABORADO POR:

Diana Patricia Quintero Neme

Bibliografía

Aliño Santiago, M., Lopéz Esquirol, J. R., & Navarro Fernandez, R. (2006). Adolescencia. Aspectos generales y atención a la salud. Revista Cubana de Medicina General Integral , vol.22, n.1, pp. 0-0. ISSN 0864-2125.
Cortés Ochoa, H. (2005). SusMedicos.com. Recuperado el 25 de Mayo de 2011, de http://www.susmedicos.com/art_cirugia_plastica_estadisticas.htm
Echeverry, A., & Buitrago, H. (Compositores). (1998). El Estuche. [L. Aterciopelados, Intérprete] Bogotá, Colombia.
Infante, O. Psicología de las edades, adolescencia. En Psicología y salud (págs. 141 - 144).
Moreno González, M. A., & Ortiz Viveros, G. R. (2009). Trastorno Alimentario y su Relación con la Imagen Corporal. Terapia Psicológica , 181 - 190.
Samperio Mazorra, V., & del Barrio, J. A. (Febrero - Marzo de 2011). 12º Congreso Virtual de Psiquiatría. Interpsiquis 2011. Recuperado el 18 de Abril de 2011, de www.bibliopsiquis.com/bibliopsiquis/bitstream/.../1/14conf3650165.pdf
Xavier, & Jessica. (18 de Mayo de 2010). belleza.doctissimo.es. Recuperado el 27 de Abril de 2011, de http://belleza.doctissimo.es/cirugia-y-medicina-estetica/cirugia-estetica/cirugia-estetica-y-adolescentes-un-fenomeno-de-moda.html




[1]Primera aparición del vello púbico 
[2] Desarrollo mamario
[3] Primera hemorragia menstrual. 

jueves, 21 de julio de 2011

¿PARA QUÉ VOLVER A MIRAR EL DADAÍSMO?

Por Ruth Kattia Castro Andrade

Ruth Kattia Castro (Bogotá 1961)
Volver a mirar el Dadaísmo (2011)
Técnica: Collage en papel
Dimensiones: 66 X 55 cm.



Quisiera desdibujar las férreas
fronteras que nosotros, arrogantes
humanos, tendemos a dibujar en
cuanto está a nuestro alcance.

Hannah Höch


El cadáver exquisito, (exquisite corpse), observado arriba, se encuentra anotado en la técnica del collage y muestra una aproximación al arte de vanguardia. Pretender acompañarlo con un cauce de ideas obedece en parte al deseo de conceptualizar y generar una nota de opinión ensayística enfocada a referenciar el mismo con el Dadaísmo y los propósitos subyacentes en esta corriente cuyos integrantes en un corto periodo (1916-1924), intentaron, en una especie de anarquismo nihilista, refutar el arte.


Volviendo a la imagen, si el observador fija su atención en el trabajo, en el aspecto netamente figurativo de éste, podrá percibir que se encuentra basado en el manejo de algunos esquemas corporales representados en diferentes planos de la imagen, acompañados de un sinnúmero de complementos que hacen del mismo, la muestra de una tentativa composición de esquemas corporales unidos al mundo de las vanitas; sin dejar de lado evidencias y parodias de contenido tanto étnico, como social de élite, complementado con toques de objetos de diseño exclusivo; exponiendo por sí mismo un universo dado en el manejo de contrastes similares a un caos de iconografías agolpadas, queriendo balbucear: ¡Dadá sigo aquí!, pues bien. “con el quincuagésimo aniversario del movimiento, Hans Arp conmemoró así la efeméride: Antes de la llegada de Dadá, Dadá ya estaba presente” , entonces, ¿por qué motivo, no lo va a seguir estando?

Para precisar al lector el porqué del enfoque de esta obra, en primer lugar, cabe aclarar que existe por parte de la creadora un especial interés tanto en el movimiento Dadá , (a cuya palabra se le da en francés el significado del juguete infantil de caballito de madera), como por las circunstancias particulares que rodearon los acontecimientos de aquel tiempo de Primera Guerra Mundial y posteriormente de entreguerras, las cuales afectaron el devenir del mundo entero, y por más latinoamericana que se sea, esos sucesos y sus consecuencias impactaron el devenir de la humanidad hasta los días de hoy en que no han desparecido las huellas dejadas por aquellos acontecimientos de la época. Se encuentra al margen de estos hechos, en la vida y obra de Hannah Höch , una de las abanderadas de este movimiento, nutrida fuente de inspiración.

Hannah Höch (1889 Gotha – 1978 Berlin)
Das Schöne Mädchen (The Beautiful Girl) (1919-1920)
Técnica: Fotomontaje en Collage
Dimensiones: 35. X 29 cm.

El trabajo coincide con la artista en haber creado un collage adoptado a su vez de Cubismo, en un fotomontaje a partir de revistas donde abunda la imagen de la mujer y en este caso la del hombre moderno, que a diferencia de aquel de la época en que ella producía, en la actualidad es una efigie que cobra cada vez vital importancia. En el presente, los medios masivos de comunicación se encargan de promover la imagen ideal tanto en hombres como en mujeres, sin haber dejado de cargar sobre la espalda de estas últimas, el protagonismo de un impuesto liderazgo representado en extremos exagerados que amenazan en muchas ocasiones con la integridad física, mental y emocional de las mismas.


Haberse detenido a crear un cadáver exquisito ha partido del encuentro con el escritor rumano Tristan Tzara , cofundador de movimiento en el Cabaret Voltaire de Zúrich en 1916, siendo uno de los promotores dentro del Dadaísmo del cadáver exquisito escrito, del escrito a partir del sombrero y de la escritura automática, aunque de ésta su autoría se le atribuye a André Breton en 1920, a las puertas de encaminarse hacia un Surrealismo. A este grupo también pertenecieron y actuaron en el campo intelectual y artístico personajes de la talla de Marcel Duchamp, de Man Ray, entre otros muchos actores que se me escapan por nombrar. Provenientes éstos de diferentes disciplinas, algunos de los cuales participaron en la enunciación de los muchos manifiestos que a nivel internacional se publicaron, liderados a veces a título personal, pero desde dicho movimiento .



Tristeza doméstica (s.f)

I

En la semilla de la azucena
te enterré serenamente
nos hemos amado en campanarios arruinados
los años se destraman
como los encajes viejos.
Tristan Tzara.


Retornando a la primera imagen, de allí podría ir saliendo la idea de partir hacia la interpretación de lo trascrito en esta creación en un collage, y en llevar a pensar la validez que puede tener en la actualidad crear una obra que de alguna manera ya estaba resuelta en su tiempo, comparable al hecho de argumentar que ya estaba creada, escrita, que ya tenía su propia impronta y por tanto llegar a concluir que se pudo haber perdido el tiempo en cada detalle, en cada búsqueda que imputó el realizar “Volver a mirar el Dadaísmo”.

Y ¡sí!, quizás sin poner el pesimismo propio de los dadás, en realidad sea una producción perdida, la cual no trascenderá mucho más allá de los muros de este escrito o de las paredes de una casa amiga que mire la obra con compasivo corazón. Y ¡sí!, ¡eso es así! hoy hay tantos collages hechos por doquier por grandes y chicos que la pregunta sería: ¿Para qué volver a mirar el Dadaísmo? Lo que sucede en este caso es que la propuesta se reescribe, se reinterpreta, se recrea en otro momento y en otra época donde la historia y los intereses sociales han dado la vuelta en lo externo, permaneciendo quizás idénticos e inalterables en la esencia de los mismos. Ya que el ser humano una y otra vez ha sucumbido buscando en el trasfondo hacer los mismos cambios esenciales, prevaleciendo al parecer iguales intereses por mantener a la sociedad en una aparente zona de seguridad, en la cual los cuestionamientos son mirados con gran sospecha. Por tanto, la máxime posibilidad es que esta propuesta no vaya a ir más allá de ser simplemente “otro collage”.

Sin embargo, si el fortuito observador se detiene a fondo en cada detalle, puede encontrar polémicas alianzas que rayan como en el Dadaísmo en lo satírico, en lo sarcástico y en lo antiartístico, disfrazando siempre como es la constante en otras obras de la creadora, hacer perversas denuncias mediante un tenue toque de ingenuidad. Y entonces, por si cabe de alguna manera aclarar “¿Qué es un collage? –pregunta en sus Apuntes Biográficos, y responde en tercera persona–; Max Ernst lo define de la siguiente manera: la técnica del collage es la explotación sistemática del contacto casual o artificialmente provocado de dos o más realidades ajenas entre sí sobre una superficie inadecuada a simple vista para tal cometido, y la chispa de poesía que salta en el acercamiento de dichas realidades” .

Para poder crearlo con estas características, se extrajeron imágenes de revistas contemporáneas , las cuales también han cambiado mucho en su modalidad desde los años 20 del siglo precedente. En el trabajo que nos ocupamos en este escrito, se observan recortes sacados de diversas publicaciones especializadas en la moda, el diseño, la arquitectura, la propaganda, los catálogos, etc., y cada imagen ha sido exhaustivamente buscada para poder ser atiborrada conformando cada espacio que raya en un Rococó Kitsch, el cual es otro elemento que se contrapone al minimalismo decorativo tan de boga hoy día en los diseños de interiores y en la arquitectura de la primera década del siglo XXI, en la cual pretenden dejar por fuera un significativo espacio para colgar la obra de arte, quizás en venganza de los tiempos en que el término “diseño” fue casi ignorado, aun si este asunto para nada preocupó a los Dadaístas. O más bien, se lamenta la angustiada artista que clama porque no falten paredes que permitan seguir colgando obras más allá del museo o de la galería.

De otra parte, como se ve en la siguiente imagen, también se ha echado un vistazo a terceros ejemplos desde la contemporaneidad. Hoy se pueden observar artistas a quienes de alguna manera, desde su mirada, se nota y es evidente que muy probablemente han vuelto sus ojos a las primeras décadas del arte en el siglo XX. En este caso se trata de Sara Huete , de quien también se ha observado y se ha dado una insondable mirada en algunas de sus obras .

Sara Huete (1958)
Alicia (2011)
Técnica: Collage
Dimensiones: 23cm. X 23 cm.

Tanto Huete, con la sustitución y la utilización de elementos matéricos de origen industrial en la composición de su obra, como Höch, quien a su vez impactó y sigue impactando como otros artistas de su época, no solo con el uso de sus técnicas, sino con los propósitos latentes en los mismos. Incursionando ambas con estos ejemplos en la creación de cadáveres exquisitos por medio de collages y fotomontajes que quieren existir y decir algo mucho más allá en su creación que el simple hecho de pretender ser un arbitrario recorte y pegue de pedazos de imágenes o de elementos, como banalmente algunos críticos pretendieron y pretender rotular la manera de crear de los dadaístas y en general de aquellos que se atreven a trasgredir o traspasar el cordón de seguridad. Y es así como cada una de las artistas mencionadas da su propia mirada y apreciación al manejo y la representación, en este caso, de la figura humana.


Con la desesperanza propia de los dadaístas, podría decirse que algunas búsquedas, quizás imposibles o inalcanzables, ponen a este movimiento como punto obligatorio para ciertos artistas a quienes la fuerza ejercida por aquella época les impulsa a buscar y volver a reburujar en ese momento de la historia del arte que muchos no consideran aún un movimiento. Sin embargo, ha sido el período en el que de verdad se ha logrado la ruptura con la academia tradicional y se ha experimentado por primera vez el verdadero intento de matar el arte, aun si de otra parte ya antes son bien evidentes las aproximaciones dadas a partir de los dramáticos cambios ocurridos durante el siglo IXX, sin ir más acá, podemos traer a colación la invención de la fotografía, épocas como el Romanticismo, el Simbolismo, el reconocidísimo Impresionismo, el encuentro de artes y oficios en igualdad de condiciones en el Art Nouveau, así como otras manifestaciones artísticas realizadas en las dos primeras décadas del XX desde distintas corrientes de pensamiento y de movimientos en el arte.

Según Bürger, en general para quienes desconocen temas en el arte, “Se podría objetar que la crisis del concepto de obra provocada por los movimientos de vanguardia no es evidente, que la discusión parte, pues, de falsas premisas” . Cabría pensar y preguntarse entonces, por qué cada vez con mayor ahínco los jóvenes, principalmente, siguen casi un siglo después en la misma búsqueda como lo evidenciaron movimientos como el Fluxus, del cual derivan muchas de las tendencias posmodernas sementadas algunas hoy en día en las tribus urbanas. Desconociendo en muchos casos por parte de estos grupos, que mucha de la obra actual es quizás en sus orígenes gestada o dicha precisamente desde el dadaísmo. Por eso Masiunas, el creador de este movimiento de los años 60 del siglo pasado dijo en franca concordancia con el movimiento Dadá: "Fluxus purga el mundo de la locura burguesa, de la cultura intelectual, profesional y comercializada. Purga el mundo del arte muerto, de imitación, del arte artificial [...]" , premisa en entera sintonía con lo dicho por el dadá mecánico John Heartfield “Abajo el arte y abajo las intelectualidad burguesa” .

Es así como la autora enfrenta en su obra “Volver a mirar el Dadaísmo”, origen de estas divagaciones, lo ya dicho, lo ya hecho. Mirar el pasado no es pérdida sino ganancia. En el mundo de las artes plásticas y visuales, y del arte en general, cada vez se quiere decir más y más, tanto que a veces pareciera agotado el repertorio. ¿Será acaso por eso que nos están negando las paredes? Pero no se debe desfallecer, cada día es un nuevo amanecer y por más parecido que un día sea a los otros, cada uno es diferente, cada uno tiene tenues variaciones en la emisión del color y en los hechos que hacen que se den efectos en diversas composiciones.

Es más, no solo se debe volver a mirar el Dadaísmo, sino a todo aquello que haya implicado un momento de reflexión para la humanidad. El movimiento más trasgresor desde la Primera Guerra Mundial y del tiempo de entreguerras, no ha podido quedar en silencio, de él se han derivado muchas de las tendencias que encabezan hoy las fuerzas de renovación generacional. Sin embargo, esas mismas pujanzas rebeldes nos lo han querido ya decir de diferentes maneras, en épocas diversas. Es más, aun si el arte de este tipo, como aquel de aquella época, le resulta bello u horrible al observador, efectivamente, no puede quedarse callado, habla por sí mismo, mueve inquietudes así sea solo en unos pocos y agita aquello que se pretende dejar en reposo por intereses muchas veces manipulados aun a partir del propio arte, que es la disciplina humana que propende desde luego por la libertad y la creatividad.

Como otra reflexión, según el ya citado Bürger, éste, al hablar de Marcel Duchamp, a quien se le atribuye “La fuente” Fountain (1917) como su primera obra plástica expuesta en New York dentro del Dadaísmo, fraguada dentro de los ready-mades, objetos hechos arte que él inventó. Forjándose a posteriori, en el artista más insigne en la historia del Arte Contemporáneo y célebre motor de éste movimiento . Se le menciona por ser referente obligatorio para el Arte Conceptual y a quien vale por lo menos rasguñar en estas líneas, pudiéndonos, dado el caso, detenernos a conocer de él en profundidad, consultando su vida y obra desde diversas fuentes bibliográficas y virtuales, y a quien Büerger por tanto no pudo dejar de lado en su libro y escribió: “La provocación de Duchamp se dirige en general contra la institución social del arte, ya que la obra de arte pertenece a esa institución, el ataque también le afecta” . La influencia de este artista es tan evidente, que vale la pena recordar por ejemplo en la exposición Arborizarte, realizada en la Plaza Simón Bolívar de Bogotá en diciembre de 2001, donde el artista Álvaro Barrios presentó la obra “Sueños con Marcel Duchamp” (2001), sencilla escultura que evoca algunos de los pensamientos de este dadaísta a posteriori surrealista, como lo hicieran otros integrantes del Dadaíamo.

Y por si a alguien le llegara a sorprender, someterse a todo este recapacitar, obedece como es costumbre en otras oportunidades por parte de la creadora de “Volver a mirar el Dadaísmo”, quien a su vez es docente para las artes, el hecho de haber adelantado con niñas y niños de Prekinder (4 a 5 años) el proyecto “El esquema corporal y los cadáveres exquisitos” . Cabe aclarar que las propuestas varían, hoy Dadá, mañana… Puedo asegurar a las personas que no han gozado la oportunidad que alguna vez han tenido tanto padres como allegados y la profesora que ha escuchado directamente los comentarios de estos pequeños mientras trabajaban, que de poder llegar a interactuar y hablar con estos párvulos sobre la cuestión, de hecho quedarían sorprendidísimos no solo de sus creaciones sino con los conocimientos adquiridos y la manera cómo abordan los escolares estos contenidos desde edades tan tempranas, en las cuales, mecánicamente se les pretende fijar y estandarizar, siguiendo férreamente teorías y corrientes de pensamiento, en una etapa meramente concreta, sin pretender por ello responsabilizar de esta rotulación a Jean Piaget, según la teoría del desarrollo cognitivo dentro de la psicología evolutiva , o a Víktor Lowenfeld , según su estudio sobre el desarrollo de la capacidad creadora en el arte infantil. Se evidencia en estos pequeños, la manera tan especial cómo afrontan y se expresan frente a los temas abordados más arriba, no en la profundidad de los mismos, sino en sus contenidos básicos y fundamentales, evidenciando los niveles de pensamiento abstracto subyacentes desde ya en los raciocinios infantiles.

Sin pretender centrar el discurso en este punto, pero sí con el ánimo de hacer una pertinente hipótesis que ha sido ya motivo de otros estudios por parte de quien escribe, no es que se quiera decir que el concretismo infantil no exista en la etapa preescolar, sino que se intenta rescatar el hecho que si bien es cierto que las indiscutibles predominancias de cada etapa existen, a su vez es lógico pensar que los diferentes estados de evolución o progresión del pensamiento al igual que otros procesos, están latentes en el ser humano desde el mismo nacimiento y durante todas las edades, en tanto que se van desarrollando paralelamente. Evidenciándose en lo observado por grandes estudiosos, las caracterizaciones que han determinado las evidentes etapas propuestas según predominancias innegables, desde cuyas premisas se tiende a dejar de lado en la cotidianidad del aula dado el caso, lo que simultáneamente va desarrollándose en las otras fases del pensamiento y demás componentes que llevan a la maduración del ser, siempre susceptible de enriquecer su saber, aun si la etapa concreta jamás le dejará de acompañar en la vida por más que se llegue al culmen del pensamiento lógico.

Se menciona esto con la intención de hacer reflexionar a los docentes y quizás también a los padres e interesados, sobre la profunda inclusión de contenidos que puede abordarse con educandos desde las primeras etapas escolares y ver desde allí, cómo el arte contribuye a la formación integral de los alumnos, incluyendo importantes procesos en el desarrollo del pensamiento. Permitiéndose por tanto citar al significativo referente para la educación artística, Elliot W. Eisner, quien además nos recuerda cómo: “...Las artes visuales remiten a un aspecto de la conciencia humana que ningún otro campo aborda: la contemplación estética de la forma visual”.

Para concluir, se debe volver al tema que llama la atención desde el inicio de este ensayo, el cadáver exquisito. Cualquier manifestación artística tiene aún mucho por decir y a su alrededor se pueden adelantar diversas acciones en distintos campos, las fuentes son inagotables, el arte no ha muerto, ha nacido como el fénix de sus propias cenizas generadas por la inclemencia de una sociedad, Para decir desde otras alternativas lo que quizás ya está dicho, aunque no expresado desde los múltiples modos en que se pretende una y otra vez expresar. Este escrito en ningún momento intenta justificar la obra presentada al comienzo, solo argumentarla, y esta a su vez no pretende imitar a nada, ni a nadie, debe hablar o callarse por sí misma.





miércoles, 11 de mayo de 2011

El papel de los partidos políticos después de la era Uribe Vélez

Jaime Andrés Segura




La idea primordial de la democracia es permitir a todos los miembros de una sociedad participar en las decisiones que afectan su vida colectiva. En los países con sistemas de gobierno democrático esta idea se materializa a través de elecciones periódicas y de un conjunto de instituciones cuya principal tarea es velar por su adecuado funcionamiento. Los partidos políticos, pese a no ser parte de la estructura burocrática del Estado, son organizaciones encargadas de mediar entre la sociedad civil y el poder político institucional. En Colombia, los partidos políticos tradicionales (Liberal y Conservador) han perdido buena parte de su protagonismo durante las dos últimas décadas, dando paso a un vacio que impide el adecuado funcionamiento del sistema político. Sin partidos capaces de construir proyectos incluyentes a largo plazo, la política se reduce a la simple alternancia en el poder de individuos que actúan a título personal y en el peor de los caos, para su propio beneficio. Es por ello que se hace cada vez más urgente dar una mirada al papel que actualmente desempeñan los partidos en nuestro país para emprender la tarea de convertirlos en auténticos vehículos de las necesidades de los ciudadanos.



El gobierno de Juan Manuel Santos se inicio el pasado siete de agosto en un ambiente de optimismo generalizado, tras una segunda vuelta que fue apenas un requisito obligatorio, en la que derrotó de forma contundente las aspiraciones del candidato del Partido Verde, Antanas Mockus. La segunda vuelta de las presidenciales fue un episodio más bien aburrido por lo predecible de los resultados. Por el contrario, más emocionante fue la contienda por conseguir la segunda reelección para el, ahora ex presidente, Álvaro Uribe. Las maniobras relacionistas acapararon la atención de los medios y relegaron a un segundo plano asuntos urgentes de la agenda gubernamental. Para la muestra, el decreto de emergencia económica que la administración Uribe pretendió imponer en el último minuto y que fue tumbado por la Corte Constitucional.



La negativa de la Corte que declaro inexequible la ley del referendo, fue el espaldarazo que permitió destrabar el ostracismo de las fuerzas políticas y con ello aclarar el panorama de las posibles alianzas que se pactarían en el nuevo gobierno. La coalición de gobierno de entonces, al amparo de los réditos políticos del carisma de Uribe y de su exitosa triada, Seguridad Democrática - Confianza Inversionista – Cohesión Social, se convirtieron en el trampolín fijo para el reencauche de las mismas fuerzas políticas y en, pese a los errores de campaña, el camino directo al solio de Bolívar para Juan Manuel Santos.



Resueltas las elecciones presidenciales en la primera vuelta se bosquejaba la nueva composición de las fuerzas políticas en el congreso. Solo quedaban algunos cabos sueltos, como por ejemplo el papel del liberalismo, que tras casi ocho años de oposición se asfixiaba por falta del aire que para la política representa la participación en la burocracia. De igual modo, quedaba por definir el papel del Partido Verde, serían oposición al gobierno legado de las prácticas que tanto criticaban o participarían en una posible coalición. Quizá, el tema más espinoso era cómo el nuevo gobierno iba a manejar sus relaciones con el Partido de la Integración Nacional – PIN el cual contó con una votación importante que le representan nueve curules en el Senado, pese a que muchos de sus miembros se vieron involucrados en el escándalo de la para política.



No paso mucho tiempo para que las dudas se aclararan y se diera lugar a lo que hoy se conoce como el Acuerdo de Unidad Nacional, que recoge las banderas del uribismo en cabeza del partido “de la U” y el Partido Conservador, vinculando también la variante uribista no reeleccionista de Cambio Radical y al Partido Liberal, declarado opositor al gobierno de Uribe. Es así como, el ahora presidente Santos junto a la Unidad Nacional, inician un gobierno de mayorías legislativas y con viento a favor para muchas de las propuestas de su, hasta ahora no aprobado, plan de gobierno.



Con Santos se inicia la era pos-Uribe que es una especie de uribismo moderado y menos beligerante, pero que busca mantener el legado de la Seguridad Democrática. Lo primero que hay que señalar que el uribismo no es lo mismo sin Uribe. El ex presidente se ha dedicado a hacer lo que más le gusta, cazar peleas con su nuevo juguete virtual en el que envía ráfagas punzantes y ambiguas que se entienden como “fuego amigo” en el nuevo gobierno.



Una vez las cartas sobre la mesa, el juego parece claro y sencillo, pero no lo es, no solamente por las maromas programáticas e ideológicas con la que las bancadas entraron a la Unidad Nacional, si no porque sus intereses apuntan a lugares diferentes, ello explica porque el partido “de la U” se ha dedicado a entorpecer algunas de las reformas de la coalición a la que dice pertenecer.



Sin embargo, no todo está perdido. Lo más valioso de la era pos-uribista es que se da un retroceso en el personalismo político. Tras ocho años de ver al Presidente gritando a algún funcionario en un Consejo Comunitario o mandando construir obras a diestra y siniestra en un apartado rincón del país, es el momento para que otros actores recobren la vocería y emprendan un proyecto político tan comprometido como lo es el uribismo, pero a diferencia de este, capaz de ser una apuesta democrática e inclusiva.



¿En manos de quien esta está tarea? En cualquier sociedad que se haga llamar democrática, está en manos de las fuerzas políticas capaces de movilizar opinión, generar propuestas y movilizar capital político para materializarlas, es decir, en los partidos políticos. En nuestro país, la historia reciente ha demostrado que el papel de los partidos es en el mejor de los casos, modesto y muy costoso, y en el peor un estorbo en la formulación, desarrollo o implementación de soluciones a los problemas. ¿Cuál es la idea entonces de preocuparse por los partidos?, una muy simple, son el único mecanismo conocido para generar proyectos de país viables, capaces de materializarse en políticas públicas de largo alcance. La siguiente pregunta que habría que hacer es si los actuales partidos que tienen participación en el congreso tienen la fuerza, la visión y los recursos para llevar adelante la renovación democrática necesaria para sacudir los vicios de nuestra democracia.



¿Cuál es entonces el panorama parlamentario que vivimos actualmente? En primer lugar, el de un Congreso de la República, profundamente desprestigiado e incapaz de reformarse. Este asunto es de vieja data, aunque ha ido deteriorándose con mayor intensidad durante los últimos años. Se inicio quizás con la hiper-burocratización de la política, resultado del Frente Nacional. Cuando este pacto político de cuotas entra en crisis no deja otra salida que apostar por una reforma que oxigene el sistema representativo y deslegitime los argumentos de la subversión, vinculando así a sus miembros a la oposición y el debate democrático.



Veinte años después de promulgada la carta constitucional que debía revivir y dignificar la política, asistimos a un escenario desconcertante, en el que las reformas han tenido resultados inesperados y a veces contrarios a lo que inicialmente se planteó. Peor aún, la ilegalidad ha permeado la política dando paso a la consolidación de un proyecto político de dos caras. De un lado, un proyecto conservador, terrateniente en franco retroceso por las ambiciosas metas fijadas en la constitución del noventa y uno. Por otro lado, un ventana para que actores ilegales entren a jugar un papel político, llámese ellos paramilitares, narcotraficantes o mafias. Estos actores están decididos a ocupar el espacio político que les ha dejado el olvido del centro del país político. Adicionalmente, estos actores han visto en la descentralización administrativa del Estado la oportunidad para capturar recursos, ganar legitimidad y espacio en el escenario político para promover sus intereses, lo que han logrado a través de un, nada complejo, sistema de alianzas entre el crimen y el poder político local y nacional.



Las banderas de la transformación de la política son de viejo cuño. Pastrana y Uribe las exhibieron en sus campañas e incluso adelantaron intentos de reforma, entrando a tocar los intereses del Congreso, el cual, pese a su desprestigio (primero con el proceso ocho mil en el gobierno Samper y luego con el escándalo de la para-política) siempre logra salir ileso de los esfuerzos del Ejecutivo por minar su poder. Ni el intento de referendo de Pastrana, ni el propio de Uribe, lograron doblegar al Congreso. El mismo Uribe que en el pasado, construyo parte de su popularidad haciéndose a una imagen de anti político, entró al juego de los congresistas de antaño parta materializar su proyecto político. Más aun, se convirtió en la tolda favorita de azules, rojos e “independientes”. Dicha alianza le granjeo un gran apoyo parlamentario que tuvo que pagar con formulas ya conocidas en la política domestica: cargos, nombramientos y dadivas



En casi un lustro de macartización de la política, el juego de Uribe contribuyo a resquebrajar a un más el frágil estado del sistema de partidos. La creación de su partido de la Unidad Nacional es una muestra irrefutable. Es quizá la coyuntura de la aprobación del segundo referendo lo que mejor ilustra este escenario cargado de transfuguismo y argucias de todo tipo para respaldar dicha iniciativa.



Por otra parte la reforma política de 2003 y posteriormente la de 2009 muestran el deseo legítimo de una parte del congreso de re-legitimar la imagen de esta institución a través de una reforma urgente que le permitiera depurarlo de manzanas podridas para evitar la tentadora posibilidad autoritaria de cortar el árbol. Sin embargo los efectos de dichas reformas están por verse.

De este modo, el actual panorama político se encuentra desdibujado por la parapolítica al que algunos esperan dejar en el pasado como un escándalo más de la vida pública. El gobierno nacional cuenta con amplias mayorías para aprobar casi cualquier cosa. Debe cuidarse eso sí de mantener la fragilidad del proyecto político de plastilina que es en realidad la Unidad Nacional. ¿Cómo lo hace? con lo de siempre, tratando de no hacer demasiado daño a los intereses representados en el Congreso y negociando complicados acuerdos políticos que obstaculizan hasta el punto de hacer inaplicable cualquier reforma que Ejecutivo pretenda instaurar.



Resultaría apresurado decir que no existe un proyecto político impulsado por las mayorías del Congreso, lo hay y fue impulsado con vehemencia en los dos gobiernos de Uribe. En el estado actual de la coyuntura vale la pena preguntarse si el congreso resultante de las elecciones de 2010 recoge con igual compromiso las banderas del proyecto político del uribismo, las señales son confusas en este sentido. De un lado está una coalición de gobierno con intereses y visiones dispares y por el otro un gobierno que se declara heredero de su antecesor pero que programáticamente busca adelantar un ambicioso programa de gobierno que lo distancia, ideológica y políticamente de la vertiente del uribismo pura sangre.



En este estado de cosas, la tarea de un congreso y de unos partidos que quieran recuperar un papel determinante en la vida política del país pasa por ser capaz de proyectarse más allá de la coyuntura. Algunas de las modificaciones implementadas por la reforma de 2009 orientadas a democratizar la estructura interna de los partidos, puede ser la apuesta para dotarlos de algo más que maquinaria electoral. En la medida en que los partidos logren transformarse y ser verdaderos puentes entre los ciudadanos y el poder político institucional habrá una vía alternativa en la construcción de un proyecto de país, capaz de contrarrestar los alcances de la ilegalidad, comprometido con la construcción y materialización de derechos y ciudadanía en todos aquellos lugares en los que el estado colombiano es solamente un batallón o una guarnición policial. ¿Cuál es el problema? uno muy simple, el único proyecto político con potencial a la vista es el del uribismo, el de la tierra, el oligopolio, la extracción minera y la producción sin encadenamientos productivos. La tarea de cualquier partido con opción de poder y con una apuesta de país seria, pasa por la construcción de un proyecto incluyente, que recoja el espíritu de la constitución del noventa y uno, que no condicione el proyecto de ciudadanía al de la seguridad.

martes, 22 de marzo de 2011

Sobre la escritura en Educación Superior






Por Jenniffer Lopera
Lina Marcela Trigos

Cuando vio la hoja en blanco, no supo francamente qué escribir. Nunca se imaginó que las reseñas, los informes y los ensayos que había escrito una y otra vez en la universidad sirvieran para algo en la vida real. Ahora, ante la necesidad de escribir, no sabía qué debía decir ni cómo.

Es común escuchar en las clases de lingüística planteamientos sobre el enfoque pragmático del lenguaje y la importancia de la interacción en los eventos comunicativos. No obstante, frecuentemente las clases de competencias comunicativas se centran en la enseñanza de formatos de escritura y ejercicios de redacción, que rara vez se vinculan con un proceso comunicativo efectivo.

Con esa inquietud en la cabeza, empezamos a trabajar hace más de un año en una investigación acerca de los procesos de escritura en los primeros semestres de Educación Superior Universitaria, cuando se supone que los estudiantes desarrollan las habilidades básicas para su desempeño académico y profesional posterior.

La primera premisa que teníamos en mente era que las palabras servían para comunicarnos; es decir que no solo se utilizaban para medir los aprendizajes adquiridos y sacar notas. Con ellas establecemos relaciones con los demás y con nosotros mismos; también cuando están escritas. La segunda premisa era que la escritura no se aprende en la universidad, quizás tampoco en la escuela; la escritura es un proceso de por vida, que cambia, se complejiza y se adapta. Entonces, no íbamos a “enseñar” a escribir a nuestros alumnos de primeros semestres y lo que fuera que hiciéramos debería enfrentarlos con las nuevas formas de comunicación y pensamiento que se iban a encontrar a nivel profesional, personal y ciudadano una vez emprendieran la carrera de la vida universitaria.

Lo primero que se nos ocurrió fue revisar cómo era la capacidad de resolver problemas comunicativos en contextos reales, que implicaran la elaboración de un escrito. Esta tarea implicaba preguntarnos: ¿Para qué podría escribir un historiador o un economista? ¿En qué contextos la escritura tiene un sentido o es una necesidad? ¿Cómo, a través de la escritura, los ciudadanos nos comunicamos y ejercemos nuestra ciudadanía? Y lo que encontramos con este ejercicio nos resultó interesante: en primer lugar, los estudiantes se sentían confundidos al no recibir una tarea o instrucción (p. e. “has una reseña crítica sobre el libro”, “has un ensayo sobre tal tema”, etc.) sino tener que resolver un problema comunicativo. Tomar decisiones en torno a la escritura y el evento comunicativo que ésta significa, representaba una dificultad para el estudiante: ¿para qué se escribe? ¿qué tipo de género textual es el más indicado? ¿qué voy a escribir? En tercer lugar, lo que en un principio habían planeado para resolver el problema no tenía siempre –no diremos la mayoría de las veces- relación con el resultado final. Por ejemplo, al revisar el problema el estudiante creía que lo más apropiado era escribir un ensayo de género argumentativo, pero lo que presentaba finalmente era una carta de carácter expositivo. Por último, las diferencias entre los estudiantes de un mismo nivel son muy marcadas y los tipos de dificultades que deben superar individualmente pueden resultar de muy diversa índole.

Entonces, recordamos que es común escuchar decir que “los estudiantes no saben leer ni escribir” cuando ingresan a la universidad. Pero lo que encontramos es que los estudiantes tienen problemas para relacionar lo que aprenden en sus clases con la comunicación en la vida real. Es decir que en nuestra vida como ciudadanos, y mucho más como profesionales, nos comunicamos a través del acto de la escritura: enviamos derechos de petición y correos electrónicos, redactamos informes y actas, incluso escribimos ensayos sobre los temas que nos inquietan. Esa es la vida. Sin embargo, pocas veces enfrentamos a nuestros alumnos a problemas comunicativos sobre lo que van a hacer o ser como profesionales y como ciudadanos.

¿Qué implicaciones traería pensar que la escritura es un acto comunicativo, social y humano en los procesos de enseñanza-aprendizaje? Primero, que no escribimos para sacar notas. Este es un principio alejado de la realidad que los maestros convertimos en un hecho real, a pesar de todo y de manera obstinada. La escritura tiene sentido más allá de nosotros. Segundo, nuestros estudiantes tendrán que comunicarse con el mundo, no sólo con sus maestros. Debe resultar aburrido, acaso fantástico, escribirle durante un semestre a la misma persona sin ninguna intención comunicativa y sin recibir ninguna respuesta que no sea numérica. Tercero, las personas no aprenden a escribir en un semestre y la escritura no se trata de un programa de software que se instala y se pone en funcionamiento. No. Trazamos líneas con sentido desde muy pequeños y aún garabateamos con el ánimo de conquistar a alguien o mostrar indignación. A medida que nuestro cerebro se somete a nuevos procesos de pensamiento, podríamos sentir la necesidad de expresarnos de formas distintas. Cuando el mundo se abre ante nosotros tenemos la necesidad de que más personas nos entiendan. Entre más complejo sea nuestro reto para expresar un pensamiento, necesitaremos más tiempo y herramientas para comunicarlo. Cuarto, el buen producto es solo el reflejo de un proceso bien planeado bajo óptimas condiciones. Traducción: no nos podemos quejar eternamente de que nuestros estudiantes escriben mal cuando insistimos en que un ensayo se hace de una semana para otra.

¿Qué hacer? Con este panorama ante nosotras pensamos en algunas estrategias con las cuales pudiéramos lograr varios objetivos: mejorar el nivel de escritura de nuestros estudiantes; lograr que los estudiantes relacionen el aprendizaje de una asignatura con sus presentes y futuros desempeños comunicativos; a través de la escritura, reconocer y complejizar los procesos cognitivos de los estudiantes, de tal manera que se adapten con mayor facilidad a las formas de pensar propias de la academia; mejorar los procesos de evaluación con el fin de optimizar los procesos de retroalimentación y los niveles de compromiso individual; y finalmente, conseguir que los estudiantes desarrollen mayor autonomía al momento de resolver problemas comunicativos para que no dependan del docente a la hora de redactar un texto.

Al final, los caminos para llegar a un lugar pueden ser variados y jamás hemos creído que existan recetas mágicas que funcionen en el aula de clases. Este ejercicio se trata sólo de hacernos preguntas sobre la forma como actuamos habitualmente: ¿los maestros escribimos?, ¿alguna vez hemos escrito lo que queremos que nuestros estudiantes escriban?, ¿tenemos claridad sobre la función de la escritura en nuestras asignaturas?, ¿sabemos qué vamos a evaluar y la relación de nuestra evaluación con los procesos de aprendizaje?, ¿esperamos que nuestros alumnos escriban lo que queremos y pensamos?, ¿cómo podemos lograr que realmente haya alguna incitación, motivación, ánimo por la escritura?, ¿cómo propiciamos mejores hábitos en el proceso de escritura a través de nuestras dinámicas como maestros?, y hay muchas más.

Por último, después de algunos meses de ponerle cabeza al asunto, revisar experiencias y reflexionar sobre nuestro pasado, decidimos proponerles a los muchachos situaciones de simulación en las cuales tuvieran que asumir un rol comunicativo para resolver un problema que implicara el ejercicio de la escritura. Ellos se enfrentaron con temor inicial al reto, pero luego la escritura empezó a tener otros sentidos para nuestros estudiantes: porque pertenecía a algún contexto de la vida personal o profesional o ciudadana; porque se escribía para alguien que no fuera el docente; porque había la posibilidad de hacer algo con lo que se escribe más allá de pasar el curso; porque escribir de verdad implica muchos más procesos mentales que simplemente hacer caso; porque nos sorprendemos con lo que nuestros estudiantes imaginan, crean, piensan y plasman.

Desde entonces, nuestros planes de trabajo han cambiado: ya no se trata aisladamente cada tema como si al final se pudiera licuar todo y hacer jugo; ya no asumimos toda la responsabilidad por el aprendizaje del otro, quien debe asumir sus propios compromisos; ya no evaluamos para sacar notas únicamente, sino para hacer visible lo que ha pasado en el evento comunicativo; ya no tratamos con un grupo de escritura, sino con un grupo de personas que escriben. Esperemos que para el futuro estas preguntas y reflexiones den pie a otros avances.

LA FRONTERA CON FALDAS



Imagen tomada de www.codigovenezuela.com/sistema/wp-content/up...

Por: María del Carmen Muñoz Sáenz
“no significamos nada en este territorio de nadie”.
Palabras de doña Luisa Álvarez.

Dona Luisa es una mujer, como muchas otras, que se dedica a la economía ilegal e informal en la frontera colombo-venezolana, que se cuestiona sobre la falta de literatura, foros, encuentros, conversatorios o investigaciones que recojan sus voces y reflejen todo el drama de lo que implica su identidad sexual o rol asignado socialmente, el cual las condiciona, limita o excluye de hacer parte de la mencionada integración fronteriza. De ahí que esta mujer exprese, a manera de reclamo, el abandono y la falta de reconocimiento de la que son objeto.
Quisiera empezar este ensayo precisando el concepto de género. Para este propósito, me suscribo a la versión antropológica que plantea Rubén (1975). En ella, afirma que el género ha sido definido como la interpretación cultural e histórica que cada sociedad elabora en torno a la diferenciación sexual. Tal interpretación da lugar a un conjunto de representaciones sociales y prácticas; a discursos, normas, valores y relaciones. En otras palabras, a un sistema de sexo/género que da significado a la conducta de las personas en función de sus sexos. En consecuencia, el género estructura tanto la percepción como la organización concreta y simbólica de toda vida social.
En comunidades como las nuestras, en donde el tema de género es relativamente nuevo -pues con este concepto, desde los años 70 se empezó a enfatizar sobre las desigualdades entre hombres y mujeres en el sentido de que eran construcciones sociales y no de origen biológico, el término ha tenido diferentes acepciones. Al igual que en la planificación para el desarrollo, se toma como un enfoque, categoría o indicador. Para el caso que nos ocupa, me referiré a este aspecto como una perspectiva, en razón que esta denominación hace referencia no sólo a la capacidad analítica sino a su potencial político capaz de transformar la realidad.
Desde esta perspectiva considero útil abordar las acciones o procesos que le apuestan a dinámicas de integración fronterizas. Estas, además de visibilizar la situación tanto de hombres como de mujeres en la frontera, contribuyen a entretejer alternativas para la misma integración, a partir de la solución o atención a diversas situaciones que resultan perversas para el desarrollo en ese territorio y que se evidencian en la cotidianidad.
Como lo mencionaba en algún momento doña Adela, en la frontera se encuentra una mirada diferenciada entre hombres y mujeres. Su conocimiento y experiencia en este territorio le permite re-conocer la vida de sus compañeras de jornada como para dar cuenta que buena parte de ellas son desplazadas, madres cabeza de familia, con bajos niveles de escolaridad y con familias fragmentadas. Esta condición las convierte en elementos atractivos para involucrarlas en actividades ilegales e informales, tareas a las que no se resisten por su responsabilidad en la atención de las necesidades básicas de la familia. En el caso de los hombres, la mayoría han sufrido los efectos de la violencia directamente por lo que no les llama la atención radicarse en ese territorio y están en constante búsqueda de oportunidades de movilizarse a otros sitios dejando a sus familias bajo la responsabilidad de las mujeres.
En el tramo de la frontera a la que hago referencia se encuentran, según autoridades estadísticas de la región, 1.104.609 personas. De ellas un 53% son mujeres y un 47% hombres.
La estadística señala más mujeres que hombres y esto se debe, en buena parte, a que los hombres, por razones del conflicto armado colombiano que se extendió a Venezuela, se han unido a estos grupos por falta de empleo. Otros se han desplazado por amenazas contra ellos o sus familias. Los que cuentan con hijos jóvenes abandonan la frontera con ellos para evitar el reclutamiento forzado por parte de los actores armados. El tema de tierras también es relevante, si cuentan con parcelas, las venden por cualquier precio para no perderlas del todo a manos de los grupos dedicados al cultivo y a la producción de droga.
Otro aspecto que ha incidido en la movilidad de los hombres y mujeres dentro de la frontera y que ha dejado a estas últimas en una situación bien difícil, ha tenido que ver con las desmovilizaciones que se efectuaron en años anteriores, cuando al parecer lo que se hizo al interior de los paramilitares fue un relevo de mandos, re-organización de sus fuerzas- ahora águilas negras-, y la diversificación de las formas de guerra en el territorio, las que se han venido materializando en muertes, masacres y desapariciones de miembros de la sociedad civil, según investigaciones de la Consultoría para los Derechos Humanos y Desplazamiento- CODHES-. Fruto de lo anterior, se ha revelado una disputa territorial por el control de los negocios ilegales que fluyen en la frontera, como el cartel de la gasolina, la extorsión a ganaderos, el tráfico de drogas y de armas, el control sobre el transporte que da cuenta, no sólo de la muerte de los hombres sino del asentamiento de mujeres desplazadas desde municipios aledaños a la misma y su involucramiento en las diferentes formas de supervivencia.
A esas problemáticas con las que viven estas personas se suma la dificultad para la adquisición de bienes y servicios. Por ejemplo el acceso a la salud en Venezuela para las mujeres gestantes y lactantes está a cargo de la Misión Barrio Adentro, responsable de atender a todo tipo de población en el primer nivel de asistencia. Casos muy cercanos a compañeras de doña Adela demuestran cómo han sido víctimas de xenofobia o negligencia por parte del personal encargado de la atención, el cual, al parecer, desconoce los Derechos de las mujeres. En Colombia, ocurre algo similar, solo que la atención está a cargo del Sistema de Identificación y Clasificación de Potenciales Beneficiarios para Programas Sociales-SISBEN-, con las limitaciones parecidas a las de Venezuela. En cuanto a la salud sexual y reproductiva, de igual manera, se encuentran grandes deficiencias las que lamentablemente no se pueden documentar porque las mujeres no sienten confianza para hablar de estas cosas, no denuncian las irregularidades por temor a perder lo poco que tienen.
En cuanto al control de natalidad tenemos que reconocer que las mujeres de la frontera no tienen la cultura de la prevención o de la planificación. En esta población, dominantemente machista el control de la natalidad está a cargo de los hombres, independientemente de las múltiples dificultades que implica la crianza de los hijos. Este aspecto es mucho más marcado en las mujeres provenientes de sectores rurales que de los urbanos. En promedio cada mujer en la frontera es madre de 6 a 7 hijos, en el lado colombiano y, por parte del Estado del Táchira, es de 3.5 según el censo General de población y Vivienda del 2001. La mayoría de los hijos son menores de edad lo que les dificulta salir a conseguir trabajo para mantenerlos, por lo que consiguen recursos pidiendo dinero en los semáforos. En cuanto a la población venezolana, según el ACNUR (2004) “los hombres presentan un alto nivel de machismo y no aceptan que sus mujeres utilicen métodos anticonceptivos, ya que se cree que ellas los pueden engañar”, de ahí la dificultad de disminuir los índices de natalidad.
Sobre la escolaridad: Según rangos de sexo en el Táchira han tenido más posibilidades de escolaridad los hombres en un 52% que las mujeres en un 43%. En cuanto a los colombianos, aunque no encontré estadísticas sobre este aspecto, al indagar con diferentes personas de la frontera sobre su escolaridad manifiestan que han aprendido sus oficios: trabajo del calzado, costura, comercio; de sus familiares o amigos, de manera empírica y con eso se han defendido para impulsar sus negocios. Buena parte de esta población cuenta con algunos cursos de educación primaria, otros de bachillerato y una porción pequeña cuenta con educación superior. Las mujeres han adquirido experticia en el comercio y según la situación de la frontera van organizando sus negocios. Una de las actividades en las que más se ocupan es en la industria de ropa, pues no les exige papeles ni escolaridad, sólo saber elaborar una parte de la producción.
En lo referente a las consecuencias del conflicto armado: Según fuente de CODHES, entre 1995 y 2005 se desplazaron aproximadamente 17.998 mujeres –un 32.45%-. De ellas 14.951 asumen la jefatura femenina. Situación que no solo produce dolor y miedo por la fragmentación a la que es sometida la familia sino a la incertidumbre de la posibilidad de no volverse a ver. Una mujer desplazada afirma:
“cuando tuvimos que salir, primero nos vinimos para acá (Cúcuta), pero como no se conseguía nada de trabajo, mi mamá se fue con mis hermanos menores para Bogotá, mi hermano mayor se fue para Bucaramanga y yo me quedé acá, yo no me quise ir tan lejos. Hace más de dos años que nos los veo”.
Otra forma de violencia aún más visible en la frontera, es la falta de garantías laborales, pues ante la caída del Bolívar y el aumento de controles en la seguridad fronteriza, los dueños de buena parte de los negocios, los han cerrado o se han marchado y los que se han quedado desempleado/as, se han dedicado a la economía informal e ilegal como el contrabando de gasolina que, aunque implica un riesgo altísimo – por la sobrecarga del líquido en los tanques de los carros lo que ha ocasionado incendios de grandes proporciones comprometiendo la vida de quiénes contrabandean, también está presente la posibilidad de ser penalizados e ir a la cárcel-, sin embargo lo asumen por las gratificantes ganancias que representa el negocio.
En este capítulo las mujeres juegan un papel bien importante. La guardia venezolana y la policía colombiana someten a los hombres a requisas rigurosas, cosa que no ocurre con las mujeres, por lo que los hombres las inducen a pasar la gasolina y luego a comercializarla del lado colombiano; mientras que ellos pasan otro tipo de productos de manera ilegal como el cemento, la harina pan, por trochas alternas al puente internacional.
No sólo en el negocio de la gasolina se explota a las mujeres, encontré uno aún más descarado e invisible al control policial de la frontera, como lo ha demostrado el estudio elaborado por Ana Loly Hernández, en el que indaga cómo han explotado a las mujeres en las fábricas de pantalones ubicadas en la población de Ureña en el Estado del Táchira, comprometiendo tanto a venezolanas como a colombianas. Según este estudio realizado en 15 fábricas, registran una producción que se refleja en miles de piezas de blue jeans al mes, lo que implicaría una planta de personal amplia para cumplir con la elevada producción. Al revisar la nómina no supera 20 mujeres. Pues lo que hacen los responsables de dicho negocio es utilizar a esas 20 personas para cortar todas las piezas de los pantalones luego contratan, fuera de las empresas, a manera de satélites y sin ninguna garantía laboral -pues no hay registros de nada-, a grupos de mujeres para que continúen el ciclo intermedio de la producción que consiste en unir las piezas, empretinar, elaborar los ojales y pegar los botones, pagándoles por piezas. La parte final del trabajo lo realizan otros grupos de mujeres denominadas “despelusadoras”, las que desde sus hogares y con la ayuda de sus hijos se encargan de quitar las hebras y motas que quedan, luego de los procesos anteriores, hasta dejar completamente organizada la prenda. Este “trabajo” que desempeñan estas mujeres es retribuido por pieza y cancelado por debajo del valor real, lo que les obliga a mantener extenuantes jornadas de trabajo para lograr el dinero necesario y así resolver las necesidades inmediatas de sus hijos. Sin mencionar que no cuentan con garantías de salud, pensiones ni riesgos profesionales en caso de un accidente.
Todos los hechos relatados anteriormente nos dejan claro que los procesos de integración fronteriza, en caso que los haya, se realizan a unos niveles macro que no alcanzan a resolver los problemas básicos y cotidianos propios de escenarios fronterizos como lo expone Valero (citado en Pastrán 2006) en el que explica cómo la frontera está representada por espacios geográficos dotados de singular dinamismo, en donde actúan seres humanos con sus respectivos intereses, abarcando aspectos como la convivencia humana, el desarrollo económico local, la protección del ambiente y la calidad de vida de sus habitantes, es así como este autor entiende las características para una verdadera integración. Aspectos que dista de lo que en este momento se vive en ese territorio y que contrariamente desdibuja lo que otros estudiosos de las fronteras, conciben como integración al invitar al aprovechamiento de posibilidades y a la convergencia, en el buen sentido de la palabra, de las capacidades potenciales de las mujeres y hombres en igualdad de condiciones, de recursos, de instalaciones urbanísticas y capacidad de gobernanza de los Municipios o Estados que hacen parte de este territorio. Menciono la gobernanza porque, a pesar que no se refleje en la serie de irregularidades, más las que no he podido referir por falta de sustento aunque sea empírico-puesto que hay personas que no revelan ni su identidad ni situaciones que serían dignas de denunciar en diferentes entes de control-, existen normativas por parte de los dos gobiernos respecto de la regularización de la frontera. Por el lado venezolano encontramos en la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela (1999), en el artículo 15 que se establece lo siguiente:
“El Estado tiene la obligación de establecer una política integral en los espacios fronterizos terrestres, insulares y marítimos, preservando la integridad territorial, la soberanía, la seguridad, la defensa, la identidad nacional, la diversidad y el ambiente, de acuerdo con el desarrollo cultural, económico, social y la integración. Atendiendo a la naturaleza propia de cada región fronteriza a través de asignaciones especiales, una ley orgánica de fronteras determinará las obligaciones y objetivos de esta responsabilidad”
Mientras que en la legislación colombiana la normativa que regula las acciones del Estado en la frontera, entró en vigencia desde el 23 de junio de 1.995, con el nombre de Ley No. 191, la cual establece un régimen encaminado al mejoramiento de la calidad de vida y a la educación. Se prescinde de obstáculos y barreras artificiales (Gutiérrez, 1999). De especial mención lo constituye en el hecho de que en dicha Ley se le otorga potestad y autonomía a los municipios fronterizos para la toma de decisiones cuando ello así lo amerite.
Si bien es cierto que estas disposiciones Constitucionales y de Ley promulgadas por los dos países respecto de los componentes y caracterización de la integración fronteriza, no especifica en ninguna de sus partes la perspectiva de género, por lo menos menciona los temas de calidad de vida, de inclusión, de desarrollo, que no pueden abordarse sin tener en cuenta, de manera clara, esta perspectiva, puesto que son hombres y mujeres los que le darán vida, rostro y sentido a cualquier posibilidad de integración y desarrollo fronterizo.
Esta perspectiva de género no solo ha demostrado durante las últimas décadas, desde diferentes disciplinas de las ciencias sociales, ser eficaz para situar cómo la diferencia biológica se ha convertido en un factor de desigualdad social, económica y política entre hombres y mujeres. Sitúa en diferentes arenas (historia y cultura) los elementos de la desigualdad entre los sexos. En este sentido, el haber asumido el género como una perspectiva de análisis, ha permitido reconocer que sí hay desigualdad social y exclusión en contra de las mujeres. Reconocimiento que supone una serie de retos a los gobernantes en términos de materializar y ejercer un control político a lo que consagran en sus leyes y, de paso, sumar como eje transversal a la implementación técnica de los temas referidos a la integración fronteriza, la perspectiva de género, teniendo en cuenta la siguiente recomendación:
Buscar equilibrio y equidad en las relaciones entre hombres y mujeres de tal manera que se valoren la naturaleza, capacidades y potencial de cada uno. Se trata de invitar a revisar el análisis que se hace sobre el tema de desarrollo en la frontera, situándolo en un ámbito en que la exclusión y la desigualdad sean vistas como problemas sociales, culturales y políticos que afectan a su sociedad en general y no como un simple tema de feminismo alborotado.
Caroline Moser (1993) sugiere aplicar la planificación con perspectiva de género, con el objetivo de cerciorarse de que las mujeres una vez se empoderen, adquieran equidad e igualdad con los hombres en esta llamada sociedad del desarrollo.
Este reto de superar miradas patriarcales, de visibilizar el rol de las mujeres transformando visiones minimalistas de la cotidianidad en la frontera y las formas de distribución del poder, son claves para avanzar en el propósito integracionista que sugiere conjugar actores/as, sectores, gremios, recursos, voluntades públicas y privadas, de forma tal que la fotografía de fondo de ese panorama de integración, recoja las diferentes expresiones pluralistas del territorio sin prejuicio distinto al de mejorar la calidad de vida que busca formas alternativas al desarrollo. Sólo así, doña Luisa Álvarez encontrará su sentido de vida en ese territorio que pasará a ser de todos/as.

Bibliografía:
- Rubin, G. (1975), “El Tráfico de mujeres: Notas sobre la ¨economía política¨ del sexo”, en Lamas, M. (comp.) El género: La construcción cultural de la diferencia sexual, UNAM,, México, 1.996.
- Consultoría para los Derechos Humanos y el Desarrollo- CODHES-, (2005), “Hay Derechos”. Boletín informativo No. 64 de octubre 26 de 2005.
- Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados-ACNUR. Notas del Archivo del “proyecto piloto de “transversalización” del enfoque de género y edad”. Venezuela, junio de 2004.
- Constitución de la República Bolivariana de Venezuela 82000) Gaceta Oficial No. 5453 (extraordinaria) de fecha 24 de marzo del 2000.Fuente: RSS-2005. Elaboración de UNIFEM
- Hernández, Ana Loly. ¿Cómo opera la explotación laboral contra las mujeres en las fábricas de pantalones ubicadas en la población de Ureña en el Estado de Táchira Venezuela?
- Pastrán, R (2006). Espacios fronterizos: una mirada desde la experiencia docente de pregrado. Ponencia presentada en el I Seminario Internacional. La frontera en su tejido social. UPEL-IPRGR,
- Moser, C.O.N. (1993) Planificación de Género y Desarrollo. Teoría, Práctica y Capacitación, Entre Mujeres-Flora Tristán, Lima, 1995.

LAS RUINAS DEL PODER EN LA ORGANIZACIÓN


Por Mauricio Vargas Sánchez

Bastaron unos cuantos minutos para transformar la imagen de la empresa que fue el símbolo de calidad y de eficiencia operativa, en una empresa frágil que evidenció su debilidad al terminar derrumbada como un simple castillo de naipes. La magnífica imagen construida durante veinte años de arduo trabajo, estuvo soportada sobre cimientos inestables, aunque ante los ojos de la industria se mostraba robusta y poderosa. Su Talón de Aquiles se mantuvo desnudo y expuesto por mucho tiempo, hasta que el azar decidió clavar su flecha atentando mortalmente contra la aparente fortaleza.

El edificio principal, donde laboraban cerca de ochocientos empleados, fue consumido por las llamas, tiempo después de que un conato de incendio no pudo ser controlado por los funcionarios de seguridad que se encontraban en el edificio, en la madrugada de la pasada navidad. Cuando el cuerpo de bomberos hizo presencia, los muebles y enseres de la compañía habían quedado reducidos a cenizas. Pero no fue esto lo que realmente llevó a la quiebra la empresa. Desapareció el activo más importante de la organización: el conocimiento. De las grandes bodegas de datos, transformadas en información y en el conocimiento del negocio, no quedó sino una mínima evidencia.

Este fue el trágico resultado de la equivocada manera como se ignoraron las propuestas de algunos funcionarios de la empresa para que se tomaran acciones en torno a salvaguardar adecuadamente la información corporativa.

Desde el origen de la humanidad, las relaciones de poder han estado presentes en la formación y la evolución de las sociedades. Es una característica compleja de las relaciones interpersonales y su manejo o aplicación será determinante para la construcción de cultura social. Se sostiene que: “[…] En realidad el poder significa relaciones, una red más o menos organizada, jerarquizada, coordinada” (Foucault, 1980: 198). Sin embargo, las sociedades son dinámicas y sus estructuras no permanecen en el tiempo. Los seres humanos no somos homogéneos, tenemos diferentes motivaciones que definen nuestra conducta. Esta dinámica social pareciera estar inspirada por la Tercera Ley de Newton de la mecánica clásica: a toda acción hay una reacción; siendo a su vez coherente con la afirmación: “donde hay poder hay resistencia” (Foucault, 1977: 57), como si se tratara de una ley de la mecánica social.

La mayoría de organizaciones empresariales han sido construidas a partir de estructuras jerárquicas que por sí mismas llevan implícitas estructuras de poder. Esto no significa que esté bien o mal. Según Rosabeth Moss Kanter (1997), dependerá de los métodos que se utilicen para conseguirlo y los propósitos con los que se utilice.

Una de las principales problemáticas que se manifiestan en las organizaciones, es la lucha incesante por alcanzar logros individuales. Se pretende ejercer influencia y control sobre los otros para sentir reconocimiento a expensas del cargo que se ocupa. Este camino equivocado, empobrece los resultados al perderse el foco en la gestión, el liderazgo y el trabajo en equipo con los colaboradores y demás áreas que conforman la empresa. Como consecuencias se obtienen diversas interpretaciones de la misión, la visión y de los objetivos corporativos, conceptos fundamentales que deberían ser compartidos.

Judith Gordon (1997) define el poder en las organizaciones como “la capacidad, real o en potencia, para influir en otros en el sentido deseado”. La influencia que se ejerza depende de los rasgos de personalidad de quienes ostentan el poder. Para Gordon (1997), aquellos de características maquiavélicas usan tácticas de engaño y manipulación; los de características poco maquiavélicas usan tácticas como la razón, la persistencia y la aprobación; las personas con gran capacidad de aprobación usan las sugerencias y la negociación; y aquellos con poca capacidad de aprobación usan la amenaza, la evasión, el premio y el castigo. ¿Debe existir un modelo referente, basado en competencias actitudinales y valorativas, que debe ser cumplido por los directivos o decisores en una organización?

Las organizaciones deben tener presente unos objetivos corporativos que se proponen alcanzar. Para lograrlos deben encontrar el mejor camino de varias alternativas. Una vez respondida la pregunta ¿a dónde se quiere llegar?, es preciso responder la pregunta ¿cómo lo podemos lograr? Es entonces necesario definir las estrategias para implementar, las cuales, a su vez, deben estar soportadas por proyectos o actividades específicas.

¿Qué deberían hacer las organizaciones para lograr el cumplimiento de los objetivos estratégicos y para crear un ambiente de sinergia y de cohesión entre sus participantes? Una buena alternativa para lograr los objetivos estratégicos en una organización está centrada en el empoderamiento, mediante el cual se generan oportunidades para que los empleados de todos los niveles participen en la toma de decisiones.
Gordon (1997) plantea que para evitar generar competencias inapropiadas y luchas por el poder, se debería adaptar un modelo en el que el poder sea compartido. De esta manera, según sus investigaciones, se logra un mayor nivel de compromiso, satisfacción y es más probable que se dé el apoyo para alcanzar las metas propuestas. Además, considera que el empoderamiento no solo permite aumentar el nivel de participación en la toma de decisiones, sino que el poder descentralizado genera más poder.

Se recomienda que debe crearse mecanismos de participación al interior de la organización e igualmente mecanismos de resolución de conflictos, en los que es conveniente que esté involucrado el gerente general como mediador (Minztberg, 2009). Así se evitará que el proceso de toma de decisiones se haga más lento que la velocidad de los cambios que el mercado exige.
Por otra parte, Minztberg propone la utilización de herramientas y mecanismos que promuevan la coordinación e integración del trabajo en equipo entre las áreas de la organización en pos de la construcción de sinergia empresarial.

Hill y Jones (2005), citados por Codina (2007), revisando los efectos que tiene la lucha por el poder en la toma de decisiones estratégicas, señalan: “El problema que enfrentan las compañías consiste en que la estructura interna de poder siempre se atrasa ante los cambios registrados en el entorno, puesto que estos últimos ocurren más rápido de lo que las empresas pueden responder”.

La ventaja competitiva de las organizaciones modernas no depende mayormente de la implementación de nuevas tecnologías, sino de la dedicación, el compromiso y de las competencias de los empleados que conforman el capital humano. Este es el recurso más importante de las organizaciones. El empoderamiento es el nuevo combustible para el crecimiento del lugar de trabajo (Scott y Jaffe, 1998).

De la misma manera, manifiestan que las organizaciones que hacen del empoderamiento su filosofía y lo tienen inmerso dentro de su cultura organizacional, se caracterizan por aumentar sus niveles de: claridad en el propósito de la empresa, moral, justicia, reconocimiento, trabajo en equipo, participación, comunicación y en la generación de un ambiente sano de trabajo.
Todo esto contribuye al logro de los objetivos corporativos porque hay apropiación de ellos.
Las ideas deben generarse, debatirse y evaluarse en un espacio de igualdad de oportunidades. Con esto quiero decir que los miembros de una organización que generan ideas o planteamientos frente a cualquier tema de interés para la organización, deben ser tenidos en cuenta y sus ideas valoradas por su propia esencia, y no por el poder que llegue a otorgar una estructura jerárquica al autor de dicha idea.

Generar reflexión interna en una organización, y la acción que se tome acerca de la descentralización del poder, puede servir para mejorar la toma de decisiones, para que la creatividad e innovación hagan presencia en un ambiente de sinergia y cohesión para la producción de bienes y servicios, beneficiando a los grupos interesados del ejercicio empresarial.

La inclemencia de los rayos del sol del prolongado verano marchitarán las hojas de los árboles. El viento las arrastrará por los aires hacia un destino que el azar definirá y que la gravedad las acompañará hasta su inminente caída. Pero este no es el final. Las nuevas hojas retoñarán como manifestación de un nuevo ciclo de vida, entregando significado a quienes las observan e interpretan, de la misma manera como las voces silenciadas serán escuchadas por los sensatos oidores que valorarán las ideas argumentadas, y quienes se resistirán a aceptar el desagradable olor a humo y las húmedas cenizas de los siniestros que pueden ser evitados.

REFERENCIAS:

Codina, A. (2007). El poder en las organizaciones. Enfoques principales. Recuperado el 25 de octubre de 2010, de http://www.degerencia.com/articulo/ el_poder_en_las_organizaciones_enfoques_principales/imp.

Foucault, M. (1977). Historia de la sexualidad 1: La voluntad del saber. Madrid: Siglo XXI Editores.

Foucault, M. (1980). Power / Knowledge: selected interviews & other writings, 1972-1977. New York: The Harvester Press.

Gordon, J. (1997). Comportamiento Organizacional. México: Prentice Hall.

Hill, J.; Jones, G. (2005). Administración estratégica. Un enfoque integrador. México: Mc Graw Hill.
Kanter, R. (1997). Rosabeth Moss Kanter on the frontiers of management. Harvard Business Review Book Series.

Minztberg, H. (2009). Managing. San Francisco: Berrett – Kochler Publishers, Inc.

Scott, C.; Jaffe, D. (1998). Cómo dirigir el cambio en las organizaciones: Guía práctica para gerentes. México: Ed. Iberoamericana.