jueves, 26 de noviembre de 2009

Reggaeton: ¿Es tan mala su música?


Por Simón Pava

26/11/2009


Desde que llegó el reggaetón a Colombia me impresionó mucho y me gustó, tanto así que lo sigo escuchando y sigue saliendo mucha música de este estilo; pero desde hace unos meses que llegué a Bogotá me he dado cuenta de que le tienen un desprecio al reggaetón enorme, hacen comentarios feos, horribles, almacenes de ropa que venden camisetas con estampados de “no más reggaetón”, hacen grupos anti-reggaetón, diciendo que muera el reggaetón y de que se vayan al infierno todos los reggaetoneros. Me puse a investigar en internet y me doy cuenta de que hay varios artículos los cuales dicen por qué debe morir el reggaetón; dicen por ejemplo que trata a las mujeres de “putas” y de “zorras”, que tiene un vocabulario soez y que todos los reggaetoneros son unos marihuaneros buenos para nada, salidos de la cárcel. Pero ¿Qué hacer para rescatar un poco las buenas acciones que estos hacen?

En mi escrito quiero rescatar eso, las buenas acciones que tienen estos artistas, porque no habiendo más remedio que los que odian a los reggaetoneros dejen de odiarlos, como yo odio a los emos, escuchen y sepan un poco de la historia y de lo que hacen por el mundo, con el dinero que ganan de la música que ustedes odian.

Quiero empezar con el reggaetonero más conocido (diría yo) en el mundo, llamado artísticamente Daddy Yankee. Empezó su carrera aproximadamente hace quince años en Puerto Rico como cantante de rap, junto a Dj Playero, quien lo dio a conocer localmente, cantando en eventos y presentaciones pequeñas. Su inicio en el reggaetón es muy curioso porque él no quería ser cantante, quería ser beisbolista, pero un balazo en una pierna le hizo cambiar de opinión; durante su recuperación su motivo de lucha fue la música, así fue que empezó a improvisar letras de canciones que contaban el problema actual que sucede en Puerto Rico. Tanta fue su aceptación en la gente que empezaron a llamarlo el “Rey de las improvisaciones”, con un ritmo que ponía bailar a la gente y con letras que revelaban la verdad.

Su llegada a Colombia fue a mediados del año 2001 con su tan conocida “La gasolina”, llamando la atención de muchos jóvenes en busca de un nuevo género musical que satisficiera sus gustos, y este sería un motivo más para que los jóvenes (más que todo caleños y paisas) se enrollaran en este género urbano llamado reggaetón. Con la aceptación de la gente a nivel de toda América logró fama con discos como “Barrio Fino” (el que lo hizo reconocer como reggaetonero), “El Cartel”, “EL Cartel II”, “El Cartel III” y muchos más hicieron que ganaran tanto fans y amigos, como enemigos.

Después de tanto aclamaje a nivel mundial, Daddy Yankee decide hacer algo por los menos desfavorecidos, primero que todo de Puerto Rico; su primera colaboración fue con los expresidiarios, los cuales no tenían otra alternativa que seguir siendo lo que eran y volver a la cárcel. Daddy Yankee lo que quiere con esta fundación es ayudar a estas personas donando becas universitarias para que tengan unas bases y fundamentos para que al salir de la cárcel y enfrentarse a la sociedad, tengan cómo hacerlo; que al presentarse en una compañía, en una fábrica, lo que sea, tengan idea de cómo enfrentarse a ellos para ser aceptados como empleados; que tengan una segunda oportunidad en la vida para remediar lo que hicieron en el pasado. El mismo Daddy Yankee menciona que en su compañía hay ex presidiaros trabajando con él (entrevista a Daddy Yankee: 1000 preguntas una estrella con Candela Ferro, Canal E!). En otro afán por ayudar a la sociedad, Daddy Yankee asiste a pequeñas fundaciones sin ánimo de lucro para ayudarles; en este caso visitó en México una fundación altruista llamada Michou y Mau, la cual vigila el bienestar de los niños quemados; su misión principal es que ningún niño con quemaduras graves muera por falta de una atención especializada. Desde 1998, esta fundación hace esta gran labor y además hace campañas para concientizar a la gente sobre los diferentes tipos de riesgos que pueden suceder y así evitar incendios que pueden ocasionar las quemaduras en los niños y niñas[1]. Daddy Yankee hizo donaciones de diferentes tipos y dijo seguir apoyando esta fundación. También se habla de colaboración de Daddy Yankee en Colombia en el Chocó, con el apoyo de la fundación Rayito de Sol, financiando una escuela de bajos recursos, brindándoles un estudio de buena calidad para la buena formación de nuestro país[2].

Otros reggaetoneros comprometidos con la colaboración de los menos desfavorecidos, es el dúo Alexis y Fido. Los así llamados artísticamente, al pasar un tiempo con un grupo de 28 niños aproximadamente, quienes sufren del maltrato infantil y el abandono familiar de Corozal, Puerto Rico, dijeron sentirse conmovidos por los menores; con ellos realizaron actividades infantiles, regalaron juguetes, ropa y demás cosas beneficiosas para los niños. Al final hicieron una comida para que los niños tuvieran una alimentación balanceada y a raíz de esto dijeron que en un futuro no muy lejano desearían hacer más labores sociales sin dejar atrás lo que habían hecho en esta comunidad.

Cumpliendo con lo dicho, el dúo del reggaetón Alexis y Fido siguió haciendo labores sociales, esta vez junto a la banda “Camila”, quienes nunca pensaron relacionarse con el reggaetón, porque como decía el vocalista Mario Domm, no era “muy afine” con lo que ellos buscaban. Pero al parecer todo cambió, ya que no solo hicieron un remix con el dúo puertorriqueño, sino que, además, los invitaron para cantar en un concierto en vivo junto con ellos, el pasado 7 de junio en el coliseo José Miguel Agrelot. Pero ese no es el tema, lo importante aquí es la labor que hicieron juntos; juntos realizaron un concierto en beneficio a la fundación Joe Dimaggio Children’s Hospital, que fue un éxito total. Además, juntos decidieron apadrinar la escuela José Parés Collazos de San Juan Puerto Rico, entidad especializada en ayudar con educación a pacientes con distrofia muscular. También son portavoces en una campaña de prevención de cáncer en los niños[3].

Poco a poco estos artistas del género urbano han ido creciendo y evolucionando, para poner al reggaetón en una posición, la cual, diferentes tipos de personas les agrade o simplemente no le pongan atención o se den cuenta de que quieren hacer una nueva propuesta con este ritmo, ejemplo de esto es el dúo de la historia Wisin y Yandel; los ganadores del Latin Grammy 2009 a mejor tema urbano lo dicen así, también lo prueban todos los reggaetoneros invitando a artistas como David Bisbal, Luis Fonsi, Enrique Iglesias, 50 cent, Akon, Romeo, Paris Hilton, Franco De Vita, Fergie, Camila, Fat Joe y muchos más. Los ganadores del grammy, este año donaron 25.000 dolares a la fundación Hábitat para la Humanidad, encargada de dar viviendas en óptimas condiciones a familias de escasos recursos[4].

En mi opinión, me gusta lo que están haciendo los artistas y la nueva cara que tiene el género; sigue creciendo, llamando la atención de muchas personas alrededor del mundo, promocionando películas como por ejemplo “Rápido y Furioso Reto Tokyo” o haciendo películas basadas en experiencias vividas por los artistas de este género, como “Talento de Barrio”. Además, veo que cuando un reggaetonero hace gira por Colombia se presenta en Bogotá y la respuesta del público es total lo que me hace pensar que de verdad cambió la situación con algunos anti-reggaetoneros y que hasta de pronto les agrada esta nueva propuesta. Tampoco leo en los periódicos o veo en los noticiarios encabezados que degenere el reggaetón. El futuro del reggaetón es muy impredecible, pero lo que sabemos es que no morirá y seguirá evolucionando.

[1] http://www.lamafiamusical.com/daddy-yankee-visita-a-ninos-quemados-en-fundacion-michou-y-mau/

[2] http://www.ritmourbano.net/2009/11/mi-mejor-radar-son-los-ninos-daddy.html

[3] http://www.malianteo.com/foros/f57/alexis-y-fido-compinches-de-camila-136898/

[4] http://www.wikiton.net/wisin-yandel-donan-25-000-dolares-a-habitat-for-humanity-of-greater-miami

miércoles, 30 de septiembre de 2009

El empleo en un mundo globalizado


Por Gloria Inés Rincón

(30/09/2009)


Grandes son las transformaciones que está viviendo el mundo en las últimas décadas y que han conmocionado a los científicos de toda el orbe; estas se están dando especialmente con el calentamiento global y la globalización, lo que ha afectado las áreas económicas, política y social. En el aspecto socioeconómico, una problemática que ha surgido en los últimos tiempos se encuentra relacionada con el fenómeno de la globalización y el trabajo. Al parecer, existe una fuerte correlación entre los dos que es importante dilucidar. En el presente ensayo trataremos varios temas que ilustran y amplían el impacto que ha tenido la globalización en el mundo laboral; estos son: la globalización como tal, el trabajo y sus características, el valor del trabajo, la automatización y la tecnología, y por último, el capital y sus efectos.


Globalización

Aunque la globalización carece de una definición precisa, a pesar de que los sociólogos desde final de siglo XX han hecho un gran esfuerzo por tratar deconceptualizarla, Urtasun
[1] escribe que “La gran idea es que lo abarca todo desde los mercados financieros hasta el internet, pero que adolece de comprensión de la condición humana contemporánea. La globalización refleja una percepción muy común de que el mundo se está moldeando rápidamente hasta convertirse en un espacio social compartido por fuerzas económicas y tecnológicas y de que los desarrollos de una región del mundo pueden tener repercusiones profundas para individuos en otro extremo del planeta”. Lo que unos investigadores denominan globalización, otros lo consideran como el fenómeno de la mundialización. Así, Giddens[2] se refiere a la mundialización y la define como “la intensificación de las relaciones sociales en todo el mundo, por las que se enlazan lugares lejanos, de tal manera que los acontecimientos locales están configurados por acontecimientos que ocurren a muchos kilómetros de distancia y viceversa. La transformación local es parte de la mundialización y de la extensión lateral de las conexiones a través del tiempo y del espacio.” En cuanto a la Modernidad, se caracteriza por ser universalizadora no sólo en términos de su impacto global, sino en términos de conocimiento reflexivo fundamental a su carácter dinámico. Para Bauman[3], es la “Modernidad líquida”, es decir que se trata de circunstancias que requieren de un esfuerzo permanente por rearticular la cambiante condición humana en la que se hallan los individuos cada vez más individualizados.


El trabajo, problema fundamental

La primera vez que se utilizó la palabra “trabajo”, en el sentido de esfuerzo físico encaminado a la satisfacción de las necesidades materiales de la comunidad, data del año 1776. Un siglo después significaba el conjunto general de trabajadores y operarios que toman parte en la producción. En la actualidad, significa toda actividad corporal o intelectual que permite adquirir los medios necesarios para la satisfacción de las necesidades. En la mayoría de los casos, es la actividad realizada dentro del marco de una profesión u oficio. Esto implica que la principal fuente de riqueza y bienestar para el ser humano es la del trabajo. Una vez que se descubrió que el trabajo era la fuente de la riqueza, competió a la razón minar, drenar y explotar esa fuente de manera eficaz. Así, el desarrollo del trabajo durante diferentes épocas se llevó a cabo bajo diferentes modos de pensar y una forma de trabajo fue cambiada por otra. Hoy en día la riqueza que viene del trabajo y la fuente primordial de la riqueza se está acabando. -Esta riqueza se refiere al trabajo cuando no hay trabajo no puede existir la riqueza. Para entender este problema tendríamos que analizar las tasas de desempleo que han ido en aumento en todo el mundo especialmente en épocas de crisis económica como la que atraviesa Estados Unidos y muchos países del mundo. Cuando hablo de orden me refiero a forma de trabajo. Así, el trabajo de industrias, mano de obra, se cambió por el trabajo de tecnologías-. Por lo tanto, el mundo del trabajo está sufriendo una gran conmoción. Actividades que se consideraban desde hacía muchos años como trabajo regular, normalizado, están en los últimos años sufriendo importantes transformaciones. Dábamos por hecho que el desarrollo de las fuerzas productivas y la expansión de la esfera económica iban a liberar a la humanidad de las penurias habituales, como el hambre, la inseguridad del futuro, la injusticia sufrida por los dominados. Pero, según Gorz, “lo que se viene abajo es la utopía en la que, desde hacía siglos vivían las sociedades industriales y en consecuencia lo que entra en crisis es toda la circulación de los valores que regulan la dinámica social y el sentido de las prácticas.”
[4].En cambio para Diez, “Los problemas del trabajo son la consecuencia de las novedades espectaculares de la tercera fase del proceso de industrialización, de la globalización de la economía de mercado y de la inusitada importancia que ha alcanzado la mundialización del capital financiero”[5]. Ante estos planteamientos debemos preguntarnos si la globalización impone la deshumanización o precariedad del trabajo y la pérdida del valor del trabajo.

A decir de los procesos globalizadores incluyen una segregación, separación, exclusión y marginación social progresiva. Algunos visionarios y estudiosos de la sociología del trabajo, que han profundizado en el estudio de las diferentes etapas que este ha transcurrido, desde que su noción y su práctica se establecieron, y a la vez las han caracterizado, son enfáticos en afirmar que la sociedad laboral se acerca a su fin, y el trabajo convencional está desapareciendo a medida que las personas son sustituidas por tecnologías inteligentes. Al respecto, anota Beck: “en muy pocos años, tan sólo uno de cada dos empleados tendrá un puesto de trabajo fijo a tiempo completo. La otra mitad deberá arreglárselas batallando con las más precarias condiciones laborales
[6]. Se podría pensar que al sustituir personas por tecnologías inteligentes se deshumaniza el trabajo y se cae en la precariedad. Los contratos permanentes de trabajo, que eran parte del mundo industrializado, fueron lo común. Después la precariedad se da cuando los contratos ya no son permanentes y las jornadas laborales se reducen a la mitad del día o a una tercera parte. Estos tipos de contratos, con normas legales que los regularizan, reducen y amplían, reducen el tiempo laboral a meses y amplía a tres jornadas laborales diarias, pero cada jornada con salario mínimo. “Pague uno y lleve tres” parece que es la consigna para el empresario y, como la mayoría de productos de consumo, el empleo viene con fecha de vencimiento, lo que da lugar, por ejemplo, a “medidas tales como despidos instantáneos, sin causa justificada, contratos flotantes y la clase de empleo que socava el principio de ascenso mediante la evaluación permanente del desempeño.” Para más claridad, se puede traer aquí el caso del Brasil, analizado por Beck, quien anota que “en un país semiindustrializado como Brasil, los trabajadores dependientes con empleo a tiempo completo representan solo una minoría respecto a la gran masa de los económicamente activos. Abundan los vendedores ambulantes, los pequeños comerciantes y los pequeños artesanos[7]”. La mayoría vive en unas condiciones laborales precarias, ya que la permanencia por medio de cortos contratos es transitoria y pasajera. Estos seudo-empleados no tienen ni idea dónde estarán al año siguiente, ni si podrán cumplir con sus compromisos adquiridos. Así, se convierten en “nómadas laborales”. Pero no sólo este país llama la atención por las características de la población económicamente activa, pues el subempleo es una de las formas de subsistencia de muchos países latinoamericanos.
Otro elemento de la precariedad y deshumanización del trabajo no es solamente el tiempo. Éste se da por la falta de garantías contractuales, ya que en muy pocos casos se tienen derecho a seguridad social, pensión e indemnización al ser despedidos antes de la fecha de vencimiento. Estos están sometidos directamente a las fluctuaciones de la demanda. Por lo tanto, podría pensarse que la creciente tasa de desempleo de estos países no se puede atribuir solamente a crisis económicas cíclicas sino a los éxitos de un capitalismo tecnológicamente avanzado característico de la globalización Como consecuencia tenemos que mientras más relaciones laborales se desregularizan y flexibilizan, más rápidamente se transforma la sociedad laboral en una sociedad de riesgo.

Una sociedad en riesgo es aquella donde existe un alto porcentaje de desigualdad y ésta se puede medir según el coeficiente de Gini, que es el indicador que permite medir la desigualdad de ingresos en una sociedad. El valor que se obtiene de su medición, revela la equivalencia de la cantidad de ingresos que perciben los más ricos con respecto al ingreso que perciben los más pobres. Este coeficiente para los países de América Latina oscila entre 0. 48 a 0.57. Lo que indica que la concentración de la riqueza sigue en aumento. Lo mismo sucede en el caso especial de Colombia, donde este coeficiente desde el año 1993 ha pasado del 0.53 a 0.56 en 2004
[8] . Ahora bien, en estos países el desempleo se mantiene constante y el subempleo va cada vez más en aumento, lo que permite suponer que los procesos globalizadores intensifican las desigualdades, la deshumanización y la precariedad del trabajo, como lo afirman estudiosos del tema.


El valor trabajo

Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Uno no ve lo que siempre está ahí, las cosas se perciben cuando desaparecen o se las quitan; cuando de repente la vida deja de comportarse de una forma común y corriente.. Entonces se va en busca del tiempo perdido, en busca del trabajo perdido y uno se pregunta qué pasó. Podría pensarse que al visualizar las acciones y los hechos ya no se encuentra ninguna explicación de racionalidad. Según Max Weber, una acción humana es racional y práctica cuando, según una lógica razonable tanto para el que actúa como para el que observa, y de acuerdo con los medios de que estos disponen, demuestran con garantías de seguridad que la meta de la acción se puede conseguir después de transcurrir un plazo prefijado si se aplican de forma económica los medios. Pero según él, también hay que tener en cuenta los diversos motivos de acción que no son racionales. Para el individuo, el trabajo es un fin por sí mismo, pero ya no encuentra los medios.

De manera que el siglo pasado fue prolífero en la producción de los medios: Medios abundantes para la consecución de fines. Unos abundantes medios acudieron en busca de los fines a los que pudieran servir. Medios fecundos para la consecución de trabajo, capital racional que generaba empleo. Sin embargo, los medios y los fines se han vuelto más difusos, dispersos e inciertos en este nuevo siglo. Los filósofos del Renacimiento dieron a los hombres el poder de hacer todo si lo querían. Los seres humanos son libres para crearse a sí mismos. Immanuel Kant escribió: todos nosotros estamos dotados con la facultad de la razón, ese fabuloso instrumento que nos permite comparar las opciones posibles y hacer nuestras elecciones individuales; pero ya no existe la facilidad de elegir un empleo. Las posibilidades de elección se vuelven mínimas. Debemos hacer una reflexión sobre la perdida de los medios para conseguir los fines. Al perder el trabajo se pierde, también, algo de nosotros mismos, que se relaciona con un todo social.

No sólo hemos perdido el trabajo sino los valores que este conlleva al poseerlo y sus implicaciones. Pero ¿qué implica poseer el trabajo? El tener un trabajo implica, como lo resume Urtasum: “1. la identidad a través del trabajo, 2. significado del trabajo: la ética del trabajo y 3. el reconocimiento social a través del trabajo
[9]. La identidad no es un asunto privado ni una preocupación privada. La forma de nuestro carácter social y, por tanto, de la sociedad que compartimos depende a su vez de la manera en que se enmarca la tarea de la individualización y en que responde a ella. Los grupos humanos definen su identidad a través del trabajo y este se inserta como un valor en la escala de valores del individuo. El empleado vive cualquier tarea como experiencia personal, como forma de relacionarse, de identificarse y ser identificado. Pero no solamente los escasos ingresos y “ganarse la vida” por medio del trabajo son el problema del individuo en una sociedad globalizada, sino que éste incluye una segregación, separación y marginación social en términos de exclusión, lo que incide en la precariedad del trabajo, ya que éste, como escribe Castel, es “un soporte privilegiado de inscripción en la estructura social[10]”. Es decir que el individuo es valorado en una sociedad en la medida en que es reconocido, se identifica y es identificado por ésta. Pero no solamente la valoración del individuo es lo importante del hecho de pertenecer a una empresa, puesto que ésta tiene una función integradora desde el punto de vista de la cohesión social.


La automatización en la sociedad global

La automatización y la tecnología son las características de la sociedad global. La globalización se halla relacionada con el desarrollo de las capacidades tecnológicas en particular en el área de la informática y de las comunicaciones. La inversión que más creció corresponde, en esta área, a los equipos que procesan información y al software. Las nuevas tecnologías les permiten a los inversionistas liberarse de la sujeción del espacio de cualquier parte del mundo, lo que posibilita incrementar los beneficios. Los beneficios se logran a través de la publicidad en línea y del mercado en línea. Estos juegan un papel importante en la mundialización de los mercados financieros que, superando los controles jurídicos y lo medios de comunicación, que han alcanzado la concentración en unos pocos grupos multimedia, se han unificado. Además, la configuración del espacio social global hace que surjan grupos sociales transnacionales que favorecen el proceso de universalización de pautas culturales a un rango simbólico común, alejados de territorios y tradiciones que distorsionan los valores. Por otra parte, la informática y las comunicaciones permiten la contratación de personal sin tener en cuentas las fronteras, ni las normas nacionales que regulan las diferentes los procesos de vinculación.

Ante el panorama que presenta la globalización, podemos preguntarnos específicamente qué sucede en el ámbito laboral con relación al empleo y la precariedad del trabajo. Para Beck, concretamente, las transformaciones del trabajo en todo el mundo remiten al protagonismo de una “sociedad civil realmente comprometida y empeñada”, que tampoco tendría fronteras, dado el gran parecido que se advierte en la evolución del trabajo en los denominados primer y tercer mundos. “La mundialización es a la vez una realidad porque existe una lógica económica en todo el planeta que asocia la libertad de circulación de mercancías, capital y personas, una bajada de ingresos del tráfico cualificado y no cualificado, un aumento de las desigualdades, una caída de tasa de crecimiento y, finalmente, una tendencia al estancamiento
[11]

Capital y trabajo

Según anota Bauman, “Habiendo soltado el lastre de la maquinaria voluminosa y las enormes dotaciones de las fábricas, el capital viaja ligero, sólo con equipaje de mano: una cartera, un ordenador portátil y un teléfono celular. Esta nueva característica de volatilidad ha hecho que el compromiso sea superfluo e imprudente al mismo tiempo: si lo hubiera, obstaculizaría el movimiento y se convertiría así en una restricción de la competitividad y limitaría las ocasiones de incrementar la productividad
[12].” Si se analiza la cuestión del empleo desde el punto de vista del capital, podemos decir que los problemas del trabajo son consecuencia de la globalización de la economía del mercado y de la inusitada importancia que ha alcanzado la mundialización del capital financiero.

Para poder establecer la naturaleza de las transformaciones del trabajo a escala mundial, es necesario conocer las implicaciones de las formas de producción que están teniendo en los distintos países y las diferentes formas de ganarse la vida con relación a la organización global mundial. Ursatun afirma que “no existe un mercado laboral global unificado sino una segmentación jerárquica del trabajo. El trabajo en la mayoría del mundo está todavía ligado al espacio concreto. Las empresas multinacionales también han resultado beneficiadas durante estos años de reorganización del capitalismo mundial y su participación en el PIB mundial, a su vez en aumento, no ha dejado de crecer. Estas empresas controlan dos tercios del comercio internacional. Gracias a las fusiones y adquisiciones realizadas en el mundo entero han acelerado el proceso de concentración y de constitución de oligopolios mundiales. La reestructuración del capitalismo, consumada en torno a los mercados financieros y a los movimientos de fusión-adquisición de las multinacionales bajo políticas gubernamentales favorables en materia fiscal, social y salarial se ha visto dada al crecimiento de la flexibilidad del trabajo. Así, se han favorecido también con las formas actuales de contratación de bajo salarios y que permiten que el individuo sea despedido sin costo alguno. Paralelamente, las tecnologías de la comunicación han proporcionado los medios para una reactivación del capitalismo mundial hasta ahora desconocida. La expansión de estas, junto con tecnología de la información, facilita la creación de redes a escala global originando formas de organización y de gestión.

Por otra parte, la internalización del trabajo acentúa la degradación del mercado nacional. Las empresas extranjeras subcontratan en países donde el costo de mano de obra es varias veces más barato; lo común es que contraten únicamente por el salario mínimo y durante un tiempo corto. En un primer momento esto afectó a los empleos semicalificados y a las industrias tradicionales como las textileras en países desarrollados, pero en general toda labor que implica mano de obra barata es contratada en el lugar donde más conviene. A la vez, la tecnología genera aumentos débiles de la productividad, por la rapidez de los procesos, que no puede controlar el trabajador y que suprime más empleos que los que crea.

Entonces, a través de este análisis podemos afirmar que los procesos globalizadores han tenido efectos a nivel mundial en algunas partes del mundo. Estos efectos se han visto reflejados en el trabajo, que ha tomado diferentes formas con una rapidez inusitada, y por ende en los valores que este conlleva para el individuo. La automatización y la tecnología han sido factores que han permitido que esto ocurra. Por otra parte, el capital que se había mantenido presente en las diferentes etapas de la industrialización, con la mundialización o globalización se manifiesta de diferentes formas y ha utilizado los medios que esta última le ha proporcionado para incrementar su avance y concentración en todo el planeta.


[1] Urtasun, Las transformaciones sociales en un mundo contemporáneo. España: ediciones Verbo Divino. 2004
2 Giddens, A. Consecuencias de la modernidad, Alianza Madrid, 1994. p.66
3 Bauman , La globalización consecuencias humanas

[4] Gorz, A., Metamorfosis del trabajo. Búsqueda del sentido, Madrid: Fundación Sistema. p.20

[5] Diez, F., Utilidad, deseo y virtud. La formación de la idea moderna del trabajo. Barcelona: Península, p. 12
[6] Beck, U., Un nuevo mundo feliz. Barcelona: Paidos, p. 10
[7] Ibidem, p.10
[8] Fuente DNP - MERPD
[9] Ursatun, Op.cit., p.160
[10] Castel. M., La red y el yo, en La era de la información. Economía, sociedad y cultura. Madrid: Alianza, 1977 p.15
[11] Beck, Op.cit.p.
[12] Bauman, Z. La Sociedad individualizada. Madrid: p.37

lunes, 10 de agosto de 2009

ARTE Y MENTE EN UNA CULTURA: ENCUENTRO DE GENERACIONES



Por Pedro Mora (8/12/2008)




"Por la televisión
De una cara conocida se pasea el culo
Rueda desesperadamente de canal en canal
Busca un trabajo seguro.

Hay rumores de radio
Que con voz sensual apuestan por la guerra
Improbable o lejana, puede que mundial
Mejor estar alerta…"
(Bossé, M. 1997, Laberinto)



Hay palabras que cobran vida solo con el hecho de pronunciarlas, hay otras que desnudan la razón o el pensamiento para que todo se vuelva arte. A través de los años, el ser humano siempre ha estado ligado al arte, a la literatura, a la poesía, a la música, a la pintura, a la escultura, a la danza, al teatro y hasta a la locución; todas estas hacen parte de ese legado tan importante que generaciones atrás plasmaron y que las de hoy quieren reinventar; para algunos de manera preciosista y para otros, se diría, de forma casi vulgar. Lo cierto es que no existe la persona que tenga la última palabra para desafiar al arte y afirmar, por ejemplo, que una obra es mejor que otra.

Cuando uno se sienta a reflexionar sobre lo que otros han hecho, se imagina que todo está resuelto, que no hay nada por hacer, nada más por construir, inventar e investigar. Pero salta siempre el interrogante, ¿qué puedo yo hacer?, ¿qué puedo crear?, ¿qué puedo imaginar? Lógicamente no todo está dicho y la última palabra sobre la verdad en el arte no está escrita; sencillamente todo cambia o se transforma y prácticamente sin pensar aparecen de manera casi repentina ideas nuevas, que nos ayudan a mejorar no solo como personas, sino además como una sociedad que quiere una y otra vez volver a nacer y nacer para quién o para qué, para ese arte que es vida.

Compenetrado con esa nueva ola de generaciones, se puede uno dar cuenta de que ellos son una aventura, y una aventura opuesta a la de los abuelos y padres, e incluso en lo personal; estas generaciones permiten reconocer que los medios de comunicación son vivo ejemplo de consumo, no de arte, no solo material sino intelectual, debido a que todo lo que ves tienes que comprarlo y, de hecho, si no estás a la moda para qué sirve vivir: hay quienes dicen que si eres virgen, no fumas, no tomas cerveza y “no metes porrito”, así sea de vez en cuando, tu vida no tiene sentido y, por ende, no la estás disfrutando.
Ejemplo nítido para las generaciones nuevas son los teléfonos móviles (celulares), con el argumento de la vida y la prisa continua por esquivar el miedo al qué dirán, no se les permite que se conciban la vida sin este instrumento de comunicación. Parece ser que así como es necesario usar el cepillo de dientes a diario, tomar por lo menos un vaso de agua, ducharse o simplemente descansar, el móvil se convirtió en herramienta necesaria para el diario vivir; y eso no es lo único, aparentemente te hace sentir bien como persona, como gente de bien, te da poder y dominio sobre los demás, en definitiva el invento del móvil, para muchos, parece ser el punto clave en el arte.

A todo esto surge una nueva pregunta, ¿hay una continua pérdida de identidad? ¿en dónde colocar los buenos gustos por la vida, tales como caminar en las mañanas y no tener que salir corriendo como mosca que lleva el viento para dejar el bebé en casa de la abuela? Leer un buen libro, pero no sentado frente a un ordenador, más bien poder sentirlo y disfrutarlo en tus manos, y que sea el deleite de la imaginación y de los ojos, para ser transportado a sitios totalmente desconocidos, eso es arte; orar en las noches, en lugar de tirarse y estrellarse a grito vivo en un estadio después de un concierto de hip - hop, de metal o después del partido dizque del “equipo del alma”, o el simple hecho de saludar amablemente con un “hola preciosa, ¿cómo estás?”, y no con un “¿quiubo marica, cómo le va?”, vaya que eso es arte, y arte en el alma.

Pero no todo para aquí, por qué no sentarse a deleitar la música a través de una consola (permitir que ruede el disco con ese clásico vaivén del comienzo) o simplemente en el casete o cd, y así poder disfrutar de cada una de las piezas musicales que componen todo un disco, en vez de estar cambiando de emisora o de canción en canción “como alma que lleva el diablo”, y vuelvo a decir que eso es arte; por qué no dejar que nuestros pies dancen sin parar por medio de esos vallenatos ochenteros (aunque reconozco, no me gusta el vallenato), o de una buena salsa de finales de los setenta, de una baladita americana o simplemente de esos clásicos tropicales que pusieron a bailar a nuestros padres y abuelos (claro también cuenta la música merengue de hoy que aún conserva un aire nutrido de ritmo y folclore).

Opuesto a la idea anterior, no merecen nuestros oídos el sonsonete, cuchicheo o ruido de ese “regetón” confuso y bullicioso que transita por las aceras de la ciudad y que solo trata de opacar la belleza de una mujer, que se convierte en machista y stereosexual, que siempre apunta a un “rico paputo rico”, o un “rico papito rico”, o tal vez a un “mételo, papi, mételo”. Vamos, que estoy seguro muchos nunca tendríamos los cojones suficientes para sacar a bailar a una dama a punta de groserías, menos tan “apellizcados” y dedicándole esas letras; creo menos que una chica permita que le dedicase un “enchúfamela, acéitala y préndela….” pregunto, ¿esa música será arte?

Alguien podría catalogar a este escritor y a partir de sus experiencias como docente, traductor y neurólogo del alma como a un abuelo, viejo, tonto y ridículo, que no encaja con los estereotipos de esta sociedad moderna, pero prefiero poner en tela de juicio mis conceptos, llámense anticuados o sonsos, antes de que se pudra mi alma y no se desahogue.

Contaré que el otro día se subió al autobús una pareja de chicos que parecían muy enamorados, pero tan enamorados, que casi se comen a besos en mis propias narices, y sigo preguntándome, ¿dónde va el arte? ¿por qué no abrir un espacio para la intimidad, para desahogar palabras tiernas y sinceras, para dejar que la sangre fluya y el corazón se abra de par en par? ¿por qué?

Precisamente, valores como el respeto, la honestidad y el autoestima parecen desaparecer de nuestras calles y el derecho a la intimidad y a amar se convierten en derecho a hacer lo que te venga en gana en plenas avenidas, y lo peor de todo, sin importar contextos o ambientes apropiados; no sé si tenga que ver el mismo hecho del desempleo, aunque no quiero meter mis argumentos en asuntos de política por lo mismo apolítico que soy, pero quizás la gente ya no ve lugar para encuentros amorosos, y por lo mismo como son tan caros los arriendos, el alquiler de una habitación, qué sé yo, no cabe la duda para desaforadamente entregarse al compás del amor en un ascensor, en una cabina telefónica o hasta en el “campus de la universidad”. Vuelvo a rondar, ¿dónde quedó el arte de amar?

Ahora, no todo lo que se pinta como arte tiene un precio y una medida a saber. Escuchaba por la radio cómo un novísimo escultor y pintor colocaba a un perro en un museo como trofeo de arte mientras el pobre animal no comía ni bebía agua por varios días, ¿será arte en verdad?, como lo es el hecho mismo de nutrir mi estomago con un perro caliente, un emparedado, unos “corn – flakes” y una lata de gaseosa marca XXX, en lugar de consumir un buen plato de sopa con rica costilla, papa y verdura, o un pocillo de chocolate con arepa; todo ello a costa de bajar unos kilos, de guardar la figura, o por qué no, porque la idea es hacerme modelo profesional. ¿Seré inoportuno al mencionar que las quinceañeras ya no piden una fiesta tradicional?, la respuesta es no; piden cirugía plástica para agrandarse lo que aún no se ha agrandado ni ensanchado.

Quizás el lector juzgará si estaré más entregado al arte o por el contrario estoy muy alejado del mismo. Existe otra simple razón, el modo de vestir apropiado bajo las influencias de consumo de tal cual marca, te hacen ver como la mujer o el hombre que hay en ti; sabía amable lector que ahora se deja entrever del trasero de cualquier mortal, aquella raya púrpura que baja al límite de la gloria, de lo prohibido y más deseado, porque parece ser que dejar ver el color de los “chochos” (es decir de los calzones) y aquella efímera pero motivadora rayita, es influencia del arte; en otras épocas eso era asunto de pareja, de dos, y como hablaba la canción: “Grita al mundo, rompe el aire hasta que muera tu voz, que el amor es un misterio y que importa sólo a dos; correremos por las calles , gritaremos tú y yo, que el amor es un misterio y que importa sólo a dos” (Casal. L. 1997. Pequeños y grandes éxitos).


Aún ejemplos más claros de arte se apuestan en los comerciales o cadenas radiales cuando presentan a una chica sensual, o no sé si la llamarán sexual, para presentar una marca de cerveza, una caja de leche o una goma de mascar; incluso en los videos musicales para vender el producto, llámese disco, DVD o sencillo promocional, solamente acuden a cosas vulgares y no salen de arrumacos en una cama, en una tina o por qué no en el jardín de la casa. Valga la pena aclarar que incluso los comerciales de toallas higiénicas alardean con que las mujeres tienen sangre azul o verde como las plantas y en vez de mostrar su uso “enseñan” cómo y con qué usarlas.

A diario con los medios de comunicación se ha estropeado el buen uso incluso de la ortografía; si alguien se comunica con vos, vía Internet, parece no importar el uso de mayúsculas ni en nombres propios, lo cual ofende irremediablemente según sea el lector y eso sí que da vergüenza al arte; de hecho la gente ya no sabe ni expresarse, hacen uso del inglés como novedosa alternativa, y para todos aquellos escépticos, recordaremos que no es celular, sino teléfono móvil, que no es computador sino ordenador, que no se dice /di-vi-di/, sino /de-uve-de/, que no es el /ci-di/, sino el /ce-de/, que no es el “roast beef” sino “la carne tierna o carne asada”; para colmo de males algunos usan palabras que no corresponden ni siquiera con la pronunciación del habla inglesa, todo por comentar que anda a la vanguardia del mundo; es el caso de los walkie talkie, la mayoría dice /ouki toki/ o el caso del “round boy” de la Primera de Mayo, que lo pronuncian como el /ron boy/, en vez de decir magistralmente en castellano, la glorieta, el círculo, giro, vuelta, ronda, la oreja de la Primera de Mayo (dar vuelta o doblar la esquina en otros contextos).

Desde luego que no quiero pasar por alto la poesía hecha canción en una “tele – bobela” o en un reality, y no es que me detenga a observarlos y no encuentre algo de arte, pero sólo con escuchar comerciales se enloquece hasta el más cuerdo; las novelas y seriados carecen de fuerza en sus propios títulos, para semejanza del buen vestir de las palabras encontraremos algunos tan calientes y emotivos como “La marca del deseo”, “Novia para dos” (por cierto muy sugestivo), “Desafío” (no me acuerdo del resto), “Muñoz vale por dos”, “El último matrimonio feliz”, que no creo sea el caso de la profe de este curso de Redacción de ensayos, porque parece ser que generaciones próximas no sabrán ni de casualidades conyugales. Pero faltan; vamos con otros claros ejemplos, “Aquí no hay quien viva” (y allá mucho menos), “Vuélese si puede” y “Duro contra el muro”, pero eso sí, no olviden que para que haya sexo, digo arte, “Hay con quien”; y eso que no he hablado de títulos de novelas que ya pasaron por nuestra tele, como “Todos quieren con Marilyn”. Sabiendo esto, seriamente, amigo lector, estoy pensando en el lanzamiento de mi propia novela, un título poco común y que será de seguro un best-seller, su nombre “Todas quieren conmigo”.

Pero no quiero alargar más este tratado psicológico-artístico- sentimental, no quiero hacer diferencia con lo escrito por otros y lo entredicho por otros más, no quiero cambiar el mundo con las horas dedicadas aquí, mucho menos herir la susceptibilidad del lector, sólo espero que mis palabras derramen arte sobre la mente y cuerpo de quien quiera encontrar su propia voz; quiero dejar las puertas abiertas para quien quiera servirse de él y para quien desee vestirse con él; espero hayan explorado momentos como éste en su largo vivir, para seguir alimentando la esperanza de crecer en paz, de construir un mundo mejor, porque al final del final, el tiempo pasa y no en vano somos iguales, vivimos en un mismo mundo, en un mismo país y estamos envueltos en la misma novedad.

lunes, 29 de septiembre de 2008

El ensayo: un espacio propicio para el desarrollo del pensamiento


Publicado en: Memorias del II Encuentro Nacional y I Internacional sobre Lectura y Escritura en Educación Superior. REDLEES Y ASCUN, Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia, septiembre 18 y 19 de 2008. ISBN: 978-958-8350-17-2

Por Lina Marcela Trigos Carrillo

El ensayo es uno de los escritos privilegiados en el ámbito de la Educación Superior, especialmente en los programas de pregrado afines al campo de las ciencias sociales y humanas, y en los programas de postgrado en casi cualquier área. Sin embargo, cuando la producción del ensayo carece de una guía pedagógica adecuada, se convierte en un ejercicio estéril, confuso y monótono tanto para los estudiantes como para el docente.
Esta ponencia tiene como objetivo presentar unos lineamientos generales en cuanto a la naturaleza y las características del ensayo, que permitan la formulación de una didáctica provocadora para la planeación y redacción de ensayos. El planteamiento principal que subyace a este objetivo es que el ensayo es un escrito ideal para el desarrollo del pensamiento crítico, autónomo y reflexivo, siempre y cuando sea entendido como un proceso de escritura complejo y esté acompañado por una didáctica que incentive, guíe y ayude a la estructuración del pensamiento en los estudiantes.
La estrategia de la ponencia es analizar la naturaleza del ensayo, precisar las características que lo hacen único en su género y, a partir de esta fundamentación, plantear los criterios generales para una didáctica que optimice los procesos de reflexión y pensamiento en los estudiantes de Educación Superior. Por último, se presentan algunas conclusiones encaminadas a la reflexión sobre los criterios de evaluación y la necesidad de la formación desde la docencia y para la docencia.
Estas reflexiones nacen del trabajo en investigación y docencia en el grupo UDITA (Unidad de Docencia e Investigación en Comprensión y Producción de Textos Argumentativos), y de la experiencia en el Taller de Redacción de Ensayos que desde hace cuatro años se dicta en el Programa de Extensión y Educación Continua de la Universidad Nacional de Colombia. Asimismo, se enriquece con la experiencia en las cátedras de Ensayos de opinión, Propedéutica de textos, Taller de escritura y otras afines en la Universidad del Rosario.

I. Sobre el ensayo
El ensayo ha sido objeto de varios análisis y estudios desde el siglo XVI hasta nuestros días. Esto se puede deber a la gran afluencia que ha tenido en la prensa periodística y entre los círculos académicos en las últimas décadas. Sin embargo, hoy en día aún no hay un consenso sobre sus características fundamentales y en muchas ocasiones, en el ámbito de la Educación Superior, se convierte en un ejercicio simple de comprensión de lectura o en una reconstrucción de carácter argumentativo con base en varios autores en torno a un tema. Estos tratamientos simplifican la esencia del ensayo y desaprovechan un espacio enriquecedor para la formación de pensamiento crítico en los estudiantes.
Para comenzar, el ensayo tiene sus raíces en los griegos y romanos, como bien lo afirmó Francis Bacon en 1597: "La palabra es nueva, pero el contenido es antiguo. Pues las mismas Epístolas a Luciano de Séneca, si uno se fija no son más que ensayos, es decir, meditaciones dispersas reunidas en forma de epístolas" (Arenas, 1997). No obstante, es en 1580 cuando se publica por vez primera una serie de escritos bajo el rótulo Essais, por Miguel de Montaigne. Luego, en 1597, Bacon publica sus Essays, con lo que se consolida un nuevo género: el ensayo moderno.
La denominación essais es francesa. Empero, llama la atención que el vocablo ha perdurado en diferentes lenguas a través de los siglos: Essais (Francés), saggio (Italiano), ensaio (Portugués), essay (Inglés y alemán) y ensayo (Español). La raíz etimológica del término viene del vocablo latino exagĭum, que quiere decir “pesar en la balanza” o “peso”. Hoy en día, en español, la palabra ensayo se usa, en una de sus acepciones, para denotar la “operación por la cual se averigua el metal o metales que contiene la mena, y la proporción en que cada uno está con el peso de ella” (Ver Diccionario de la lengua española RAE). Si aventuramos una definición del ensayo a partir de su significado etimológico, podríamos decir que el autor sopesa el resultado de una reflexión o pone a verificación sus ideas por medio de un escrito. Sin embargo, es necesario refinar esta definición, porque en estos términos resulta insuficiente.
Para acercarnos a una caracterización más profunda del ensayo, es necesario llevar a cabo un análisis de su forma, su contenido y su naturaleza. En primera instancia, en cuanto a la forma, podemos revisar varios aspectos para determinar cuáles son constitutivos del género y cuáles son parte de la libertad y versatilidad que ofrece éste mismo. Si tomamos en cuenta la extensión, se dice generalmente que el ensayo es un escrito breve, no obstante, la brevedad sólo puede ser determinada con relación a una medida, y en este sentido el ensayo es caprichoso y se nos esfuma rápidamente; así como hay ensayos de Bertrand Russell de dos páginas, también los hay de Saramago que sobrepasan con facilidad las cien páginas, así que la brevedad, definida en estos términos, no se puede considerar como una característica constitutiva del ensayo. En cuanto a su forma de expresión, el ensayo se escribe en prosa, y su estilo puede acercarse más a lo literario, más a lo científico, o encontrar un punto de equilibrio entre los dos; lo importante es que el carácter del ensayista se visualiza de alguna manera a través del ensayo, ya que por medio del lenguaje el autor se presenta a sí mismo. El mismo Montaigne así lo manifiesta: "Los autores se comunican con el mundo en extrañas y peculiares formas; yo soy el primero en hacerlo con todo mi ser, como Miguel de Montaigne, no como gramático o como poeta, o como jurisconsulto" (Montaigne, Ensayo 50, libro 1, 782). Justamente por el carácter del ensayo, por su exigencia de libertad, no es pertinente, como lo afirman muchos autores, determinar una receta mágica de diez pasos infalibles para su escritura. Así lo expresa José Luis Gómez Martínez (1992): “La unidad del ensayo no es externa sino interna, no es mecánica sino orgánica”. Si bien es evidente que este hecho dificulta su enseñanza y nos pone en aprietos a la hora establecer una didáctica, es en ello en lo que radica su riqueza y su impacto en la formación de personas con mentalidad crítica.
En cuanto al contenido, es importante precisar que el ensayo no pretende ser exhaustivo, dado que si bien presenta una visión particular del tema en cuestión, no pretende tomar en consideración todos sus vértices sino contemplar un aspecto particular en la mayor profundidad posible. Como bien lo expresa Montaigne: “Elijo al azar el primer argumento. Todos para mí son igualmente buenos y nunca me propongo agotarlos, porque a ninguno contemplo por entero: no declaran otro tanto quienes nos prometen tratar todos los aspectos de las cosas. De cien miembros y rostros que tiene cada cosa, escojo uno, ya para acariciarlo, ya para desflorarlo y a veces para penetrar hasta el hueso” (Montaigne, Ensayo 50, libro 1, 289 -290).
El hecho de que el ensayo no sea exhaustivo, no quiere decir que deje de ser profundo. No se trata aquí de una opinión lanzada al azar, por el contrario, se trata justamente del resultado de una reflexión profunda sobre un problema, en el sentido epistemológico del término, que nos ha inquietado por algún tiempo. Después de rondar con insistencia nuestra cabeza, se nos vuelve imperativo poner esta reflexión en el papel, para que se manifieste en ella una parte de lo que cada uno somos. En cuanto a la temática, ésta no está previamente estipulada, el ensayo puede tratar los más diversos temas que atraviesan todas las áreas de conocimiento, y algunas veces de manera transversal. En la mayoría de los casos, el tratamiento del tema se hace a través de la argumentación, es decir, se apela al raciocinio con el fin de sustentar una postura. Dentro de esta incursión racional, se explora también el estilo. Nótese que no se trata de un uso persuasivo del lenguaje, sino de explorar nuevas formas de decir lo usual, con el fin lograr una mejor comprensión por parte del lector. En esta dirección, no existe una estructura argumentativa determinada de exclusividad ensayística. Bien se puede apelar a la argumentación discursiva, como a la lógica; y en ocasiones, no sin cierto virtuosismo, es posible llegar a un equilibrio entre las dos utilizando lenguaje literario. Ya se puede uno encontrar con una formalización rigurosa en algunos de los tropos que hace José Pablo Feinmann en sus ensayos de corte político.
En tercera y última instancia, en cuanto a su naturaleza, el ensayo se mueve en dos aguas. Por un lado, se ubica como una producción del pensamiento crítico por parte del escritor; en este sentido, el autor persigue un fin. Podría buscar poner en orden sus ideas, o desarrollar una interpretación novedosa en torno a un tema, o indagar sobre una relación que se había descartado, o simplemente expresar su libertad, pero también hacer una exigencia al lector de formarse un criterio y, en algunos casos, de llevar a cabo una acción. Una vez el lector ha llegado al ensayo, ya no es el mismo, algo ha cambiado en su forma de ver las cosas y este cambio podría implicar una acción. Después del ensayo ya nada es igual, ni en el autor, ni en el lector. En este punto no se trata de la capacidad persuasiva con la que se maneje el lenguaje; no, se trata del efecto que produce una nueva forma de ver las cosas, que antes había permanecido oculta o al menos inadvertida a nuestros ojos.
Por otro lado, desde la experiencia estética, el autor permea el ensayo con su subjetividad, no solo en el contenido, pues lo que expresa es su pensamiento, sino también en el estilo. El ensayista se visualiza a través de la transparencia del ensayo al ofrecer una perspectiva particular y hasta novedosa del fenómeno que trata, y además se ve a sí mismo en la forma que le da a su pensamiento. En el lector, se experimenta un placer que no solo está ligado a la posibilidad de abrir la visión de un fenómeno habitual a una perspectiva inhóspita o inusual, sino que además existe un placer por la forma particular que ha tomado el lenguaje en la expresión del pensamiento. Entonces, el lector podría experimentar un placer estético por lo que se presenta ante él de una forma inesperada, quizá bella. En ese momento, la finalidad de la obra queda suspendida por un instante, y el interés queda roto ante la imponencia del lenguaje, y luego, vuelve a quedar subordinada al propósito del autor, bajo la intermediación del que lo lee. Entonces, no se trata únicamente de una conexión o una imagen lograda a través del lenguaje por sí misma, sino que, en el caso del ensayo particularmente, ésta queda anclada a la acción del pensamiento.
Con los anteriores elementos, se podría aventurar una definición: El ensayo es un escrito en prosa, en el cual el autor presenta sus reflexiones sobre un tema particular, desde una perspectiva personal. En éste, el ensayista explora dos formas de innovación: una, en cuanto a su pensamiento, ya que indaga sobre matices o combinaciones que no habían sido tomadas en cuenta o que, quizá, se habían olvidado; y la segunda, en cuanto al tratamiento del lenguaje, pues el autor explora nuevas formas de expresión, nuevas formas de representar lo conocido para abrir el pensamiento a lo que había permanecido como impensable o inimaginable. Pero lo más importante es que el ensayo es un género donde se manifiesta la libertad, tanto del ensayista como del lector. En el ensayo se pone de presente el libre albedrío del ciudadano, tanto para expresar sus ideas, como para tomar una posición e impartir un criterio, y aún más, para llevar a cabo una acción. Finalmente, el ensayista no escribe para sí mismo, sino para los demás representados en primera medida mediante su persona. Es pertinente aclarar esta última afirmación: el ensayista en un primer momento lleva a cabo una reflexión, pero cuando decide ponerla en el papel establece un diálogo primero consigo mismo, prueba su pensamiento, indaga hasta dónde puede llevar su reflexión y hasta dónde su confianza en lo conocido y en lo comprendido pasa la prueba del papel. El mismo ensayista es su primer crítico cuando pasa por el lenguaje, porque en esta transferencia se tasa su criterio y su juicio, se observa a sí mismo en el discurso y luego se pone a consideración de los demás.

II. Hacia una didáctica del ensayo
Si el ensayo se entiende como un proceso de escritura complejo que potencializa las capacidades del estudiante, el profesor con dificultad caerá en la tentación de exigir un ensayo de una clase para otra. La escritura de ensayos es un ejercicio pedagógico que requiere tiempo y acompañamiento. Entonces, ¿cómo proponer una didáctica que permita a los estudiantes el desarrollo del pensamiento reflexivo y crítico a través de la escritura de ensayos?
En primer lugar, la escritura no debe consistir en un ejercicio mecánico o memorístico. En cambio, debe ser activo, participativo, creativo y significativo para el estudiante. Esto es posible si se motiva al estudiante a revisar sus intereses y cómo estos tienen una relación con su contexto local y global. Cuando se realiza un ensayo para una asignatura temática, es recomendable mostrar una serie de problemas o inquietudes que surgen a partir del tema de estudio, e incentivar su análisis y discusión.
Una vez el estudiante ha identificado un problema interesante, puede fijar unos objetivos claros con relación al enfoque que quiere desarrollar y al aspecto puntual sobre el cual quiere profundizar. Además, este problema se puede enmarcar en el contexto local, nacional o global de acuerdo con sus intereses.
Con el fin de desarrollar el pensamiento autónomo y reflexivo, es necesario que el estudiante explore, previamente a la búsqueda bibliográfica, qué sabe del tema, hasta dónde es posible que adopte una posición personal con relación al mismo y si encuentra un detalle novedoso que quisiera explorar. También se puede indagar sobre relaciones entre varios fenómenos o entre un fenómeno y un contexto particular. En esta etapa, la labor del docente es guiar e incentivar la reflexión profunda y razonada; pero debe ser cuidadoso de no imponer sus juicios o juzgar los del estudiante. Su rol es el de provocador: de pensamiento, creatividad e indagación.
Ya establecida una estructura preliminar, que tenga en cuenta el contexto, limite la temática, precise el problema y, si es posible, presente una posición personal, se puede alentar al estudiante a una búsqueda bibliográfica y documental que le ayude a fortalecer su formulación, o dado el caso a reformular su planteamiento, lo que también puede resultar enriquecedor. En esta etapa del proceso es determinante mejorar las habilidades necesarias para la búsqueda y organización de información. El profesor debería guiar al estudiante en cuanto a los criterios para determinar la calidad de las fuentes, la pertinencia de la información para el desarrollo del ensayo, y la selección y organización de la misma.
Ahora el estudiante tiene las herramientas para plantear la estructura argumentativa de su ensayo (Baquero y Pardo, 1997). Es necesario que defina en un esquema cuáles son los hechos que motivan su indagación, cómo ha delimitado el problema, cuál es el interrogante central que intenta responder en el ensayo, cuál es su hipótesis con relación al interrogante, y cuáles son los argumentos (personales, de autoridad, ejemplos, factuales, etc.) que le ayudarán a sustentar su posición. Esta estructura se puede diagramar mediante una red argumentativa u otro esquema que dé cuenta de las relaciones lógicas que se establecen en la argumentación (Baquero y Pardo, 1997).
Tan pronto se cuenta con la estructura que guiará la organización lógica de los contenidos, se puede pasar al plano de la expresión. En este momento, es importante alentar al estudiante para que explore las posibilidades de expresión que ofrece el lenguaje. De manera global, es pertinente revisar el estilo que se le quiere dar al texto y si hay alguna manera de imprimirle un sello personal a este estilo. Este trabajo es muy complejo y requiere de la asesoría cercana del docente. Se puede iniciar con borradores cortos de un párrafo o dos, para, a partir de allí, definir las formas de enunciación y el estilo que va a adquirir el ensayo. También se puede incentivar al estudiante para que busque imágenes o ejemplos significativos que le ayuden a ilustrar de manera clara el contenido que ha propuesto en la estructura argumentativa. Se podría arriesgar con algunas figuras retóricas o introduciendo ideas a través de anécdotas o citas.
El desarrollo de la escritura del ensayo requiere de dos o más borradores. Es crucial para la formación de buenos hábitos escriturales, la optimización de los procesos de revisión, tanto a nivel individual como grupal. En algunos casos, se puede seleccionar uno o dos párrafos, que se presentan de manera anónima, para hacer una revisión en grupo e ir consolidando los criterios de forma y contenido que hay que tener presente al momento de escribir un texto, en general, y un ensayo en particular.
Una vez el estudiante se sienta satisfecho con el resultado de su escrito, puede trabajar en la versión final. En esta última parte se revisan los criterios de presentación, y se pulen los detalles finales: el título del ensayo, los párrafos de introducción y conclusión, los errores tipográficos, entre otros.
Con esta didáctica se busca que el estudiante desarrolle su habilidad para estructurar y evaluar lógicamente las relaciones entre contenidos (coherencia y validez); mejore su capacidad para procesar información y convertirla de manera creativa; aprenda a evaluar un contenido a la luz de un contexto determinado; construya un criterio propio y lo examine con relación a otros puntos de vista; establezca unas finalidades en torno a un acto comunicativo; y explore las posibilidades de expresión que ofrece el lenguaje (Villarini, 2001).

III. Reflexiones en torno al quehacer docente
Para los docentes, no sólo del área de lengua materna sino de cualquier área del conocimiento, es imperioso estar en constante formación. Esta formación desde la docencia y para la docencia, nos va a permitir llegar al aula de clase con propuestas novedosas y ajustar nuestras dinámicas pedagógicas a nuevos contextos. Si el docente se preocupa en primera medida por su formación y por lo que a partir de ella puede brindar a sus estudiantes, lleva a cabo un ejercicio crítico que le permite clarificar los criterios de evaluación y optimizar las vías de enseñanza y aprendizaje.
La escritura es una habilidad básica, pero compleja, que no se consigue de manera definitiva en cuatro años de estudios superiores. Es una habilidad que se mejora con su ejercicio, con su revisión rigurosa y con la formación de hábitos escriturales. Si el profesor empieza a escribir ensayos y hace una reflexión profunda sobre esta experiencia, podrá entender mejor las inquietudes de los estudiantes y los temores a los que se enfrentan cuando deben escribir.
Por último, es imperativo establecer criterios de evaluación claros, tanto cualitativos como cuantitativos, desde antes de embarcar a los estudiantes en la aventura de escribir un ensayo. El profesor debería hacer una presentación preliminar de sus expectativas con relación al ejercicio de escritura y de los criterios de forma y contenido que va a tener en cuenta a la hora de la evaluación del mismo. Incluso es pertinente establecer una evaluación por etapas que dé cuenta del proceso de escritura y de los logros obtenidos a medida que se avanza. Para los estudiantes de Educación Superior, la nota es muy importante; pero más allá de esto, es importante hacerles ver que la calificación es sólo el resultado de un trabajo que tiene implicaciones de diversa índole y que se ciñe a criterios preestablecidos. Finalmente, es más importante lo que el profesor tiene que decirle al estudiante sobre su trabajo, cómo lo puede enriquecer, en qué aspectos es sobresaliente y en qué aspectos debe enfocarse para mejorar.
Las instituciones de Educación Superior han destinado grandes esfuerzos en los últimos años para la optimización y ampliación del cubrimiento del desarrollo de las habilidades comunicativas en sus estudiantes. Esto sólo será posible si todos y todas las docentes entendemos la importancia de la lectura y escritura en nuestro rol como educadores, de cualquier área. Para formar buenos escritores, deberíamos partir por nosotros mismos. En el ensayo encontramos un buen espacio para el desarrollo del pensamiento crítico y reflexivo, y una buena excusa para escribir sobre aquellos temas que nos inquietan todos los días.

Bibliografía
ARENAS, M. (1997) Hacia una teoría general del ensayo. Construcción del texto ensayístico. Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha.
BAQUERO, J. y PARDO, F. Textos científicos y argumentativos: una metodología para su comprensión y redacción. En: Ánfora, Revista de la Universidad Autónoma de Manizales. Año 5, No. 10, julio-diciembre de 1997.
BAQUERO, J. (2004) Elementos para la comprensión y producción de textos. Revista Forma y Función. Universidad Nacional de Colombia. No. 17, agosto.
GÓMEZ, J. (1992) Teoría del ensayo. Segunda edición. México: UNAM.
MONTAIGNE, M. (2003) Ensayos Completos. Madrid: Cátedra.
PERELMAN, C. y OLBRECHTS-TYTECA (1989) Traité de l'argumentation (La nouvelle rhétorique), 5ª Ed. Bruselas, Université de Bruxelles. [Traducción castellana de J. Sevilla Muñoz: Tratado de la argumentación. La nueva retórica, Madrid, Gredos, 1989].
Perelman, C. (1997) El imperio retórico: retórica y argumentación. Bogotá: Editorial Norma.
SERAFINI, M. (1994) Cómo se escribe. Barcelona: Editorial Paidós.
VÉLEZ, J. (2000) El ensayo. Entre la aventura y el orden. Bogotá: Editorial Taurus.
VILLARINI, Á. (2001) Teoría y pedagogía del pensamiento sistemático y crítico. En: Actas del Encuentro Internacional de educación y Pensamiento, vol. VIII. Puerto rico: UPR

martes, 15 de julio de 2008

LITERATURA FEMINISTA: DEL ANTAGONISMO AL DISCURSO PATRIARCAL

Por Luisa Barcos Romaña

"Para mí, una de las revoluciones no fracasadas de este siglo ha sido la revolución de las mujeres: si no ha cambiado toda la historia de la humanidad, sí ha cambiado la convivencia y las relaciones sociales, políticas y familiares".– Cristina Peri Rossi (Bergero 87)

Contexto: Feminismo en Latinoamérica

La mujer latinoamericana ha estado subyugada al sinnúmero de reglas y patrones sociales, políticos y culturales que la han limitado y encapsulado en un mundo preponderantemente patriarcal, en donde la opresión es transmutada hacia la mujer y perpetuada por la misma como una cadena pesada que sólo pierde un poco de peso, cuando es aplicada con rigor a otras. Todas de alguna forma hemos sentido la opresión de nuestras madres e incluso hermanas; y por lo general, esta es dada hacia nuestro cuerpo, nuestras percepciones, nuestros sentimientos, comportamientos y actuaciones frente a ese mundo hostil que se nos impone. Toril Moi realiza una aseveración con respecto a la opresión: "consiste en imponer estándares sociales de femineidad en una mujer, con el preciso propósito de hacerle creer que estos estándares seleccionados son los naturales. De modo que, una mujer que se niega a asimilar esto se convierte en no-femenina y, por ende, no-natural (anormal)[1]"
La mujer al desafiar el orden impuesto hacia lo que debe ser, hacer y mostrar como símbolo de feminidad, adquiría un aspecto de no identificación con el patrón establecido, por tanto, la mujer que no ejerce la maternidad o no aprende a administrar una casa, era socialmente nula y anormal.
El feminismo empieza en Estados Unidos como un movimiento social que buscaba la liberación y consecución de igualdad de derechos y oportunidades en todos los aspectos sociales, políticos, culturales, que propiciaron una revolución y transformación que llegaría a darle la vuelta al mundo, consiguiendo más adeptas a este movimiento. En este proceso surgieron escritoras representativas e influyentes como Virginia Woolf, Simone de Beauvoir y Mary Wolltonecraft, quienes no sólo defendían y promulgaban el derecho de las mujeres a la igualdad, sino que reinterpretaban el significado del ser mujer fuera de la opresión; es decir, como éstas empezaban a construir un concepto acerca de lo que eran, fuera de los estereotipos establecidos por los hombres. Es así como Beauvoir plantea lo siguiente:
"…la mujer", o más exactamente lo que entendemos por mujer (coqueta, frívola, caprichosa, salvaje o sumisa, obediente, cariñosa, etc.) es un producto cultural que se ha construido socialmente. La mujer se ha definido a lo largo de la historia siempre respecto a algo: como madre, esposa, hija, hermana... Así pues, la principal área de la mujer es reconquistar su propia identidad específica y desde sus propios criterios. Muchas de las características que presentan las mujeres no les vienen dadas de su genética, sino de cómo han sido educadas y socializadas. La frase que resume esta teoría es muy célebre: "No se nace mujer, se llega a serlo".[2]

Literatura Feminista

La literatura escrita por mujeres pretende una apropiación del lenguaje a través de la escritura, en la búsqueda de una identidad propia que no esté en función del orden masculino.
Marcela Flores Iga.

Literatura y feminismo en este contexto no adquieren connotaciones diferentes sino que forman una interacción reciproca que le da significación a la otra, desde una perspectiva femenina, lo que implica una notable diferenciación en las características y el uso de recursos narrativos y estilísticos en la producción literaria. La escritura se convierte en un arte que posee una expresividad que identifica y delimita a la mujer, no sólo en un contexto diferente al impuesto por el patriarcado sino en el intercambio de roles; ya no como madre, esposa o hija; sino como ente de transformación, siendo esta capaz de luchar por su libertad para encontrar una identidad propia y común a las otras mujeres. Lo anterior no quiere decir que esta es una literatura hecha para ser leída por mujeres, es una literatura hecha por mujeres para el deleite colectivo. De acuerdo con lo anterior, Lucía Guerra Cunningham, define o conceptualiza la literatura femenina como: "el proceso interior de la adquisición de una identidad" y establece que: “la escritura de la mujer se adentra y se asimila a un espacio intertextual predominantemente masculino, así, ubica los elementos de una visión del mundo subordinada a través de márgenes, vacíos, silencios, inversiones y mímicas con un valor subversivo y también renovador”[3].
Aunque, la literatura feminista se crea en un ámbito de transformación de estructuras, de tópicos y la desaparición de la oposición-subordinación entre ambos (hombre-mujer), establecida por el escritor y ella, con el objetivo de acabar con la concepción patriarcal y machista a la que ha sido sometida durante siglos. Por tanto, la mujer busca una apropiación e interiorización del discurso femenino, que permita identificarla y definirla como lo que es. Más no ha de olvidar que el ámbito en que surge su literatura estará rodeada e influenciada por elementos y temáticas expuestas por escritores, vistas ahora con un tratamiento diferente. No se puede obviar en esta literatura la concepción patriarcal, porque la opresión y el pensamiento hermético que recae sobre el género femenino, es lo que da vida a todo este movimiento y al replanteamiento de temáticas como el exilio, la guerra, la muerte, el dominio y abuso a otros, e incluso la misma visión mujer-hombre y viceversa; vistos y trabajados por mujeres. Teniendo en cuenta lo mencionado, Toril Moi, establece que: “…esta apropiación del discurso se entiende en el sentido de una transformación. Sin duda, la teoría feminista debe cuidarse de no caer en lo mismo que critica y que pretende anular; el feminismo tiene que ser "pluralista" y aceptar que todas las ideas están influidas de mayor o menor grado por el pensamiento patriarcal[4].”
Por tanto, es claro que el objeto de esta literatura no debe ser crear una oposición y relegar al otro “patriarcado” sino validar el pensamiento y la expresión femenina a través de la escritura. De acuerdo con esto, es importante agregar la concepción que Lacan tiene acerca de la emancipación que genera el uso del lenguaje, y la forma cómo este puede transformar y aportar nuevas significaciones a lo “preestablecido”: “No es el poder de nombrar lo que confiere la libertad que deriva del discurso del dominio sino la habilidad de escapar al poder de los significados impuestos por el otro.[5]

Crítica al discurso feminista


Una de las cuestiones centrales del feminismo consiste en la construcción cultural de la subjetividad.
C. Besley

Antes de exponer algunos de estos puntos, es válido conceptualizar y diferenciar lo que se entiende como Literatura Feminista y Literatura Femenina, pues aunque ambas tienen como eje central la apropiación del discurso por parte de la mujer, sus orientaciones tienden a discrepar en algunos aspectos.
La literatura feminista es la que centra su discurso y su escritura en la oposición hacia todo lo establecido por el patriarcado como una forma de expresar su descontento por el sometimiento que ha recaído sobre ellas. Por el contrario, la literatura femenina es la que tiene como eje principal del discurso la figura femenina en todas las acepciones y escenarios posibles, esta es escrita tanto por mujeres como por hombres.
En la literatura feminista el discurso que se establece es antagónico y no incluyente, pues técnicamente retoma la expresión patriarcal para darle vida a un “nuevo discurso” que tiene como objeto principal la oposición al pensamiento machista como una forma de revalorizar su papel frente al mundo; sin embargo, lo que esto ocasiona es la total afirmación de que la existencia de este es inevitable, porque la mujer no es capaz de crear ni verse asimisma y a las otras fuera de ese mundo de opresión. Pero ¿cómo ha de identificarse una mujer como tal cuando no tiene conciencia de lo que es?
El problema de la identidad de la mujer se da porque siempre se busca el punto de referencia y comparación en el hombre, mas no en ellas mismas. Son conscientes de que viven en un mundo patriarcal, que las suprime y somete hasta anularlas, pero no hacen nada para evitarlo ni liberarse de la imposición que esto ha creado en sus mentes; por ello, es imposible encontrar una identidad que la represente. Paralelo a esto, Lerner afirma que la alternativa que queda a las mujeres es reclamar ese lenguaje, re-definirlo y recrearlo, de tal manera que: “al hacerlo, transformemos el pensamiento y la práctica a modo de crear un nuevo lenguaje”[6]
Con los siguientes ejemplos se evidencia lo antes mencionado, el primero es tomado de la obra Como agua para Chocolate de Laura Esquivel, en donde hay total prevalencia del discurso patriarcal, porque aquí es la madre quien se encarga de reprimir la voluntad y demás actuaciones en sus tres hijas mujeres: Gertrudis, Rosaura y Tita, pero más en la última, porque en ella recae toda la dureza de Mamá Elena:
“Sabes muy bien que por ser la mas chica te corresponde cuidarme hasta el día de mi muerte…. Pero es que yo opino que…
¡Tú no opinas nada y se acabo!”[7]
Esta novela, retoma notablemente el discurso patriarcal, donde en ausencia del padre, la madre toma su papel y anula a sus hijas, al decidir sobre sus vidas y como han de llevarlas. La vida de Tita, transcurrió en uno de los lugares impuestos por el patriarcado: la cocina, y es allí donde se refugia y vive cada uno de sus días. Otro aspecto es el relacionado con la maternidad, cuando Tita le da de mamar a su sobrino sin haber dado a luz, este acto es tomado como algo ejemplar, porque se ejerce otro de los roles y significaciones de la mujer: la maternidad. Lo anterior sólo privilegia y resalta la importancia del patriarcado en el discurso feminista que es reconstruido una y otra vez en el texto, a esto se le suma la concepción de García Serrano quien piensa que en esta novela se: “reafirma y reconstruye las caracterizaciones y roles que el discurso patriarcal había expuesto a la mujer”[8]
Otro ejemplo de estos puede encontrarse en una de las últimas obras de Isabel Allende, Inés del Alma Mía, donde al parecer esta inevitable concepción, también limita la capacidad y el escenario de acción de la mujer, aunque esta novela de carácter histórico y social, presenta puntos importantes al mostrar el papel que desempeñó Inés en la conquista de Chile, resaltando la preponderancia del personaje femenino. Si embargo, no se pudo obviar que el machismo es algo inherente al discurso de estas escritoras, lo siguiente se lo dice Pedro de Valdivia a Inés:
“Las mujeres no pueden pensar en grande, no imaginan el futuro, carecen de sentido de la Historia, sólo se ocupan de lo doméstico y de lo inmediato.”[9]
La dominación y el autoritarismo establecido por el patriarcado, rebosaba los límites de la razón y la cordura, inclusive en situaciones que no pueden evitarse, como el hecho de culpar a alguien y castigarlo por cuestiones biológicas. En este apartado se muestra la no aceptación de la mujer por serlo (y no ser varón); y se le rechaza, poniéndola en un nivel inferior, parece que su existencia desde este punto no tiene importancia, porque no se le deseaba. Como se evidencia en el siguiente fragmento:
“Yo no tenía novio porque mi abuelo había decidido que me quedaría soltera para cuidarlo en sus últimos años en penitencia por haber nacido en vez del nieto varón que él deseaba.”[10]
En estas obras se reconstruye el discurso patriarcal desde diferentes puntos de vista: la maternidad, las labores o quehaceres domésticos: la cocina, el rechazo y el castigo que se ejercía sobre ella por ser mujer.
Sin embargo, el aporte más específico que se puede hallar en esta literatura es la creación de personajes femeninos excepcionales, que a pesar de estar alienadas por los conceptos patriarcales y validarlos en el discurso, son capaces de luchar contra eso en busca de una nueva identidad, desafiando su destino y todo tipo de imposición que pretenda privarla de ser y hacerse mujer; y contrariamente a lo que se muestra uno de estos medios es el discurso escrito, que le sirve como refugio y a la vez como ente liberador de sí misma y del otro. Esto último es evidente en las obras de Isabel Allende, quien a través de personajes como Clara, Alba e Inés, muestra como ellas reconstruyen cada episodio de sus vidas como una catarsis personal que ha de eliminar todo lo que alguna vez pudo oprimirlas.
Finalmente, pienso que cuando escritor crea su obra, no esta pensando en incluir o centrarse en concepciones patriarcales, porque limitaría el espacio de su expresión a lo establecido. Lo que creo es que debe existir un proceso de identificación e inclusión con el otro, porque de alguna forma hay una parte de aquello que rechazamos que nos pertenece: y tal vez por eso, la oposición en algunos casos es inevitable. Ahora retomaré una idea que Virginia Woolf establece en "Un cuarto propio", se puede concluir que "el estado normal y placentero es cuando están en armonía los dos (hombre y mujer), colaborando espiritualmente. Hasta en un hombre, la parte femenina del cerebro debe ejercer influencia; y tampoco la mujer debe rehuir contacto con el hombre que hay en ella. Esa tal vez fue la intención de Coleridge cuando dijo que una gran inteligencia es andrógina"[11]


BIBLIOGRAFÍA

· ALLENDE, Isabel. La Casa de los Espíritus. Primera edición. Editorial Random House Mondadori. Bogotá, 2004.
· ALLENDE, Isabel. Inés del alma mía. Primera edición. Editorial Circulo de Lectores. España, 2004.
· ESQUIVEL, Laura. Como agua para chocolate. Editorial el Tiempo. Bogotá, 2003
· SHAW, Donald. Nueva Narrativa Hispanoamericana. Boom. Posboom. Posmodernismo. Séptima edición. Editorial Cátedra. Bogotá, 2003.

[1] FLORES IGA, Marcela. Teorías Feministas (2004). Disponible en: http: www.unitecmonterrey.mex.co. Recuperado: 30-05-2008.
[2] BEAUVOIR, Simone. El segundo sexo (Le deuxième sexe) 1949. http://es.wikipedia.org/wiki/Elsegundo_sexo#column-one#column-one. Recuperado el 30 de mayo de 2008.

[3] FLORES IGA, Marcela. Teorías Feministas (2004). Disponible en: http: www.unitecmonterrey.mex.co. Recuperado: 30-05-2008.
[4] Ibid, pág. 2
[5] Ibid, pág. 3
[6] Roberto P. Castro, Mario P. Bronfman Teoría Feminista y Sociología Médica: Bases para una Discusión. (1993)

[7] ESQUIVEL, Laura. Cómo agua para chocolate. Edición tercera. Editorial el Tiempo. 2001. Pág.7
[8] SHAW, Donald. Nueva Narrativa Hispanoamericana. Séptima edición. Editorial Cátedra. Bogotá, 2003. Pág. 322.
[9] ALLENDE, Isabel. Inés del alma mía. Primera edición. Editorial Circulo de Lectores. 2006. Impreso en España. Pág. 223.
[10] Ibíd., pág. 20
[11] Ibid, pág 1.

miércoles, 18 de junio de 2008

El rol de las organizaciones de base y comunitarias en el proceso de descentralización en Bogotá



Por Juliana Villamizar

“El proceso de descentralización implica, por un lado, la voluntad expresa del Estado de reformarse y delegar una serie de funciones a los estados locales; y por otro lado la voluntad de la sociedad de acompañar esa reforma”[1].

En Bogotá este proceso se inició con la Constitución de 1991, en la cual se estableció una estructura descentralizada para la ciudad. Allí se ordenaba hacer una división de la ciudad y crear una nueva figura territorial denominada localidad. De igual manera se debía hacer un reparto de competencias y funciones administrativas y establecer una estructura de gobierno conformada por una Junta Administradora Local (JAL) elegida popularmente y un alcalde local designado por el Alcalde Mayor, previa aprobación de una terna enviada por la JAL. Después, con la aprobación del Decreto de ley 1421 de 1993, denominado Estatuto Orgánico de la Ciudad, se establecieron de manera más específica las competencias entre las diferentes entidades territoriales[2] .

Hasta este punto, quedan definidas con claridad las funciones y responsabilidades del gobierno local; sin embargo, sobre el rol que debe desempeñar la sociedad organizada en esta reforma no se dice nada. Desde el inicio se olvidó que para que la descentralización sea una realidad se requiere de la presencia de la sociedad civil, representada en sus organizaciones, para que vele por el destino de los recursos y el cumplimiento de las funciones descentralizadas.

En ese sentido, es pertinente preguntarse después de diecisiete años, por los aportes que han hecho a este proceso las organizaciones de base y comunitarias, como representantes de la sociedad.

Una aclaración preliminar a la indagación propuesta en este ensayo debería ser si todos, Estado y Sociedad, manejamos un lenguaje común cuando de precisar los propósitos de la descentralización se trata. Para el presente estudio, que tiene como propósito analizar y determinar el tipo de contribución que han hecho las organizaciones comunitarias y de base a este proceso por medio de su acción a nivel local, es necesario primero dilucidar sobre las diversas y en ocasiones equivocadas acepciones de la descentralización. No se trata aquí de entrar en una discusión que desborda el objetivo principal (esta labor ha sido y continúa siendo objeto de acaloradas discusiones entre políticos y estudiosos) pero sí de hacer, de manera sucinta, una diferenciación básica entre descentralización, desconcentración y descongestión; tres acciones que suelen confundirse a pesar de tener propósitos diferentes.

En primer lugar, “la descentralización supone un achicamiento del Estado nacional y una correlativa expansión de los estados locales que asumen funciones descentralizadas, a lo cual debe agregarse por lo general una mayor presencia de la sociedad local en los procesos de decisión, gestión o control vinculados con estas funciones”[3]. Aunque la descentralización tiene un carácter administrativo, el reconocimiento de la capacidad de una comunidad territorial para tomar decisiones sobre asuntos locales le confiere un carácter fundamentalmente político[4]. En segundo lugar está la desconcentración de funciones administrativas, cuya única pretensión es la de crear unidades de gestión más pequeñas, sea para facilitar la organización interna de la Administración, o para acercarla a los usuarios o vecinos[5]. Mediante esta acción, se crean unidades de gestión más pequeñas pero sin autonomía, mientras que una de las estrategias centrales de la política de descentralización es la de promover la autonomía local. La delegación, en tercer lugar, consiste exclusivamente en la transferencia del ejercicio de competencias, funciones o autoridad, expresamente autorizadas y por el tiempo que determine un cuerpo legal[6]. Aquí también es evidente que las competencias delegadas serán asumidas únicamente por entes de tipo institucional o administrativo. Si la descentralización se ha interpretado como una delegación o como una desconcentración de funciones administrativas, es evidente que no es a la sociedad a quien corresponde cumplir con ellas. Dicha confusión ha llevado a algunos autores a afirmar que en el caso bogotano se trata de una desconcentración disfrazada de descentralización[7]. No obstante, para el presente estudio se parte del supuesto de que en el caso bogotano se está llevando a cabo un proceso de descentralización.

La diferenciación aquí hecha permite comprender que, el verdadero sentido de la política de descentralización es acercar el gobierno a los ciudadanos, para que haya una construcción colectiva de ciudad. De ahí que sea apremiante reconocer a las organizaciones civiles como interlocutores válidos en este proceso. Sin embargo, la falta de reconocimiento de las organizaciones de base y comunitarias como parte del indispensable del conjunto de actores involucrados en esta reforma ha sido un impedimento para que éstas tengan un rol más activo y también para que la descentralización sea una realidad.

El interés de indagar por el papel de estas organizaciones en un proceso descentralizador radica en que son grupos que organizan a la comunidad en torno a intereses comunes, contribuyen a la creación y fortalecimiento de capital social y actúan como canales de diálogo con la administración, lo que demuestra que su labor es indispensable para el afianzamiento de esta reforma. Las organizaciones de base y comunitarias y la ciudadanía en general son tan importantes y significativos en esta reforma estatal, como los actores institucionales. Por consiguiente, es indispensable dirigir la mirada hacia las sociedades locales con el propósito de establecer sus características, sus formas de organización y de participación efectiva en la toma de decisiones y en la gestión de proyectos que contribuyen al desarrollo local.

Hasta ahora, han sido numerosos los estudios que han dirigido sus esfuerzos al estudio de la reforma del Estado y en particular del proceso de descentralización de Bogotá, realizando diagnósticos, críticas y estados del arte en general. Aunque estos estudios han dado luces sobre sus avances y retrocesos, se han enfocado predominantemente en el papel del Estado y las instituciones, haciendo énfasis en sus responsabilidades, debilidades y fortalezas a lo largo de estos dieciséis años. Por el contrario, ha sido menos prolífica la producción académica enfocada en los grupos organizados de la sociedad civil, particularmente en el caso bogotano, lo que demuestra que su rol potencial en la consolidación de la descentralización no ha sido reconocido en toda su dimensión por el ámbito académico y el gobierno de la ciudad.

Según un estudio de la Fundación Corona, para el año 2004 se estimaba que en Bogotá el número de organizaciones comunitarias activas ascendía a 3.700; cifra que se expresa en una densidad promedio es de 1,2 organizaciones comunitarias por barrio. “El 33% de estas organizaciones trabajan con comunidades de más de 10 barrios y el 55% con poblaciones de 1 a 3 barrios. Estas formas de agrupación social movilizan cerca de 2 millones de habitantes al año en torno a lo público. Aglutinan como líderes y activistas al 2% de la población bogotana en distintos estratos socioeconómicos. Del total de organizaciones, el 49% tiene más de 10 años de haberse constituido, el 25% lo hicieron en los últimos 10 años y el 26% en los últimos 5 años. Esto significa que una franja amplia se ha mantenido a lo largo de los años, e independientemente de sus limitaciones, tiene una capacidad acumulada en la gestión y participación”[8].

Dentro de este conjunto de organizaciones comunitarias se pueden distinguir varios tipos como: las juntas comunales, las organizaciones de madres comunitarias, las organizaciones de vecinos solidarios, entre otras. Las más destacadas por su importancia a nivel local son las juntas comunales, que representan cerca del 40% del total. La mayoría de ellas se han configurado dentro de sectores populares, pues es allí donde los vínculos comunitarios se activan en torno al interés de mejorar las condiciones de vida y contribuir al desarrollo de su comunidad. Algunas de ellas se han constituido como formas de organización perdurables a pesar de los inconvenientes de tipo político e institucional que hayan tenido que enfrentar.

Los datos de la Fundación Corona revelan, por un lado, que el número de organizaciones activas en Bogotá es significativo pero insuficiente; y por el otro, que el hecho de que su trabajo sea realizado de manera aislada reduce notablemente el impacto que podría llegar a tener si trabajaran en cooperación con el gobierno local. El aporte de este último en esa relación de cooperación debería ser la generación de políticas dirigidas al fortalecimiento de estas organizaciones y la creación de escenarios de participación. Sin embargo, hasta ahora han sido limitados los programas y proyectos dirigidos cumplir con este propósito. Además, su implementación tampoco ha sido garantía de impacto en el ámbito local, debido por una parte la descoordinación de las instituciones distritales en el diseño e implementación de éstas políticas y también a los bajos niveles de organización y capacidad de convocatoria de las organizaciones existentes[9].

Dicho en otras palabras, hay responsabilidades compartidas pero no necesariamente simétricas relacionadas con el estancamiento que afronta actualmente el proceso de descentralización de Bogotá. A este respecto es preciso decir que desde el gobierno no ha habido voluntad política de llevar a cabo esa reforma con todas las complejidades y responsabilidades que ello implica; ello se expresa, en gran medida, en la descoordinación de las instituciones encargadas de dinamizar este proceso. También hay que decir que la sociedad representada por sus organizaciones tampoco ha expresado abiertamente la voluntad de hacer parte de este proceso; en parte porque la relación de la sociedad con el Estado siempre ha estado mediada por un sentimiento de desconfianza y descreimiento en las instituciones que lo representan, pero mayoritariamente porque desconoce los beneficios y también las responsabilidades que conlleva esta reforma para la sociedad.

Un elemento central en esta discusión debería ser la participación ciudadana, considerado como un aspecto inherente al proceso descentralizador. Porque parte del desencantamiento que expresan sentir algunas organizaciones frente a los mecanismos de participación proviene de las limitaciones que tienen a la hora de materializar las propuestas de la comunidad.

La participación, como se ejerce actualmente, más allá de propugnar por la vinculación de las organizaciones civiles a la toma de decisiones, busca la legitimación de una decisión que ya ha sido tomada por los expertos (Ziccardi)[10]. Debido a eso, los proyectos locales pocas veces están en concordancia o dan respuesta a las necesidades sentidas y expresadas por la comunidad, lo cual ha derivado en una crisis de representación. Esta crisis se refleja en el bajo porcentaje (20%) del total de las organizaciones comunitarias en Bogotá que participan de manera permanente en los ejercicios de participación ciudadana para la planeación local, convocados por la Administración Distrital[11].

“Un proceso de participación ciudadana efectivo, en un escenario de mayor descentralización, facilitaría el fortalecimiento de las organizaciones comunitarias como actores sociales; el surgimiento de nuevas organizaciones; la cooperación y la creación de vínculos más estables entre las organizaciones y las instituciones en torno a propósitos comunes; incrementaría la confianza en la institucionalidad y entre los ciudadanos, afianzaría el interés ciudadano por los asuntos públicos; y contribuiría a mejorar el comportamiento cívico”[12].

Nuria Cunil dice que: “La participación puede ser tomada como un tipo de práctica social que supone una interacción expresa entre el Estado y actores de la sociedad civil, a partir de los cuales estos últimos penetran en el Estado”[13]. Aunque esta definición hace referencia a un nivel nacional, puede explicar en el contexto local porqué la participación de estas organizaciones en los procesos de toma de decisiones es tan limitada y sus resultados poco alentadores. Porque inherente a un proceso de descentralización, además de la participación, están la transferencia de competencias y la autonomía local; y esto puede ser interpretado desde el gobierno de la ciudad como una disminución de su poder.

Este temor también es evidente para el coordinador del proyecto “Bogotá Cómo Vamos”, pues recientemente afirmó: “Desde hace varios años se habla de la necesidad de un régimen descentralizado en la ciudad, pero a la hora de las decisiones los espíritus centralistas ven con preocupación que descentralizar lleve consigo ceder poder y generar autonomías locales”[14].

Descentralización, autonomía local y participación se encuentran interrelacionadas entre sí, de modo que pretender que la una se materialice sin la contribución de las otras es simplemente un despropósito. “La descentralización, en una sola frase, consiste en tomar decisiones localmente; que más problemas se resuelvan en la localidad, que ésta tenga más autonomía de vuelo. Para el logro de este objetivo también se requiere que la sociedad civil organizada ejerza una veeduría sobre las acciones del Estado”[15].

Dicho de otro modo, el éxito del proceso de descentralización en Bogotá depende en gran medida del reconocimiento del activo social que representan las organizaciones comunitarias. Este reconocimiento de parte del gobierno local, puede hacerse a través de la generación y promoción de mecanismos de participación mucho más flexibles y efectivos que los existentes, de modo que estas organizaciones tengan oportunidades reales de incidir en los procesos de formulación y gestión de proyectos que contribuyan al desarrollo de sus localidades[16].

En conclusión, las organizaciones comunitarias y de base podrán jugar un rol protagónico en este proceso, en la medida que se reconozca la gran contribución que están en capacidad de hacer para robustecer la descentralización y también para fortalecer la democracia.

[1] Poggiese, Hector, Redín, Maria Elena y Alí, Patricia. El Papel de las Redes en el Desarrollo Local, como Prácticas Asociadas entre Estado y Sociedad. FLACSO Sede Argentina, 1999.
[2] Vale la pena aclarar, que este decreto es considerado por los expertos como un retroceso con respecto a lo formulado por la constitución de 1991 en materia de trasferencias centrales a la localidad, disminuyendo de este modo la autonomía local.

[3] Oszlack, Oscar (1994) “Estado y sociedad: las nuevas fronteras” en El rediseño del Estado, una perspectiva
internacional, Klrisberg B. (comp.) FCE México.
[4] Maldonado, A. Presentación: Conceptos sobre Descentralización. Universidad De Los Andes - CIDER Especialización En Gobierno y Políticas Públicas [en línea], disponible en: www.foro.org.co/cis/idpacv/290907%20Maldonado-Descentralizacion.pdf, recuperado: 14 de febrero de 2008.
[5] Olivieri Alberti, A. (2003), “Descentralización en la Ciudad de Buenos Aires. ¿Un camino sin final?” en Ciudad Política- Portal de Ciencia Política [en línea], disponible en: http://www.ciudadpolitica.com/modules/news/article.php?storyid=202, recuperado: 10 de febrero de 2008.
[6] Ibídem, p. 3.
[7] Maldonado, A. (2007), “Descentralización territorial en Bogotá. El espíritu centralista de las autoridades descentralizadas” [en línea], disponible en: http://www.foro.org.co/cis/cis_daacdv_materiales.htm, recuperado: 14 de febrero de 2008.
[8] Flórez, M. “Construcción de Capital Social y Organizaciones Comunitarias en Bogotá” [en línea], disponible en: http://www.fundacioncorona.org.co/descargas/PDF_publicaciones/Gestion/Gestion_Capital_Social_Bogota.pdf, recuperado: 1 de Junio de 2008, 08:52:13 p.m.
[9] Carreño Durán, E. (2003), “La participación y el desarrollo: Una reflexión a partir de dos experiencias barriales en Bogotá”. Universidad de los Andes CIDER.
[10] Ziccardi. A. & H. Saltalamacchia. (1996), "Metodología de evaluación del desempeño de los gobiernos locales en ciudades mexicanas". México. UNAM.
[11] Flórez, M. “Construcción de Capital Social y Organizaciones Comunitarias en Bogotá” [en línea], disponible en: http://www.fundacioncorona.org.co/descargas/PDF_publicaciones/Gestion/Gestion_Capital_Social_Bogota.pdf, recuperado: 1 de Junio de 2008, 08:52:13 p.m.
[12] Ibídem, p. 11.
[13] Cunil, N. (1991), "Participación Ciudadana. Dilemas y Perspectivas para la democratización de los Estados Latinoamericanos". Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo, Caracas, Venezuela.
[14] Córdoba Martínez, Carlos, Descentralización en Bogotá. Un debate necesario [en línea], disponible en: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/otroscolumnistas/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3945459.html, recuperado: 13 de Junio de 2008, 16:36: 06 p.m.
[15] Descentralización en Bogotá. Algunos avances, (2006) [en línea], disponible en: (http://www.bogota.gov.co/portel/libreria/php/frame_detalle.php?h_id=534&patron=01.0109020104, recuperado: 13 de Junio de 2008, 19:20: 19 p.m.
[16] A este respecto, hay que destacar que el interés de la administración de Luis Eduardo Garzón en el tema de la participación se materializó con la creación del Instituto Distrital de la Participación y Acción Comunal (IDPAC) antes Departamento Administrativo de Acción Comunal Distrital (DAACD). El IDPAC se plantea como una institución renovada, con una nueva forma de hacer participación pública en Bogotá; enfocada en las poblaciones y organizaciones sociales y en los territorios que haga tangible la cultura democrática.